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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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todo el país, han elevado notablemente la calidad y el prestigio internacional de
nuestra medicina y han cambiado la historia de los hospitales públicos y de las
facultades de medicina de nuestro país.
El proceso de convertirse en médico y comprometerse a un aprendizaje de
por vida, obliga a poseer las bases científicas, no sólo para adquirir y apreciar
nuevos conocimientos, sino también para vislumbrar nuevas formas de aplicarlo.
Es necesario pues la formación científica del médico con la finalidad de que
pueda ejercitar apropiadamente la medicina clínica. Y es que el rigor del método
científico presta al facultativo habilidades para aprender y analizar; de manera
que los moldes del pensamiento y el desarrollo de una mente analítica e inquisiti-
va, influyen luego muy positivamente en la adecuada asistencia médica de casos
individuales a la cabecera del enfermo.
Es imprescindible también la calidad ética del médico, de manera que sus
actuaciones se conviertan en moralmente buenas. Como ha escrito acertadamente
uno de los grandes expertos en bioética de nuestro país el Doctor Diego Gracia:
“Los actos médicos han de cumplir siempre las condiciones básicas siempre de
corrección y bondad”. A este respecto conviene recordar que en la lápida de un
prestigioso internista alemán del siglo XIX Nothangel figura el siguiente epitafio
“Tan solo un hombre bueno puede ser un buen médico”.
Como siempre ha sucedido, muchos enfermos están angustiados y teme-
rosos y no debe olvidarse que el hospital moderno es un lugar que atemoriza a
la mayoría de los pacientes, por lo que sigue siendo fundamental que la primera
medida terapéutica del médico consista en generar un clima de confianza y sosie-
go, ya que solo cuando el paciente percibe un profundo interés por él, reconoce
al auténtico médico.
En la medicina de nuestro tiempo, se ha hecho frecuente un estilo de prác-
tica médica a la defensiva. Pero resulta urgente y necesario trastocar las condi-
ciones que originan esta tendencia. Es bueno recordar que, generalmente solo se
encuentra lo que se busca; dar palos de ciego solicitando una amplísima batería
analítica, radiológica, o isotópica solo suele conducir a que la medicina sea cada
vez más cara.
Por ello estimamos que en un futuro no muy lejano la calidad y el ren-
dimiento del médico se valorarán, no sólo por sus conocimientos científicos y
cualidades técnicas, sino también por el dispendio que generen sus actuaciones
profesionales. En consecuencia, es preciso que el médico se acostumbre a valorar
el precio de sus decisiones.
Así mismo es conveniente que el paciente sea atendido con la quietud y el
sosiego necesarios ya que la medicina “contra reloj” es la antítesis del acto médi-
co y la relación entre ambos se apoya en la confianza, el respeto, y si es posible
el afecto por ambas partes, condiciones que difícilmente se contemplan en estas