Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 26

26 V olumen 55 (2018) conducen al mismo enfermo a fiar más en el fármaco que en las palabras del tera- peuta. La medicina personalista queda marginada de los sistemas sanitarios, y el acto médico, la consulta, su brevedad, no deja suficiente espacio al enfermo para liberarse de su angustia sin poder expresar a su modo la propia historia. El médico atiende más a la analítica que al diálogo con el enfermo. Con el advenimiento de una tecnología cada vez más sofisticada y precisa que nos informa con absoluta certeza del diagnostico, algunos métodos tradicionales, comenzando por un diá- logo sosegado, o la antigua exploración física parece ahora irrelevante, cuando nos puede brindar una información directa, inmediata, incruenta y de escaso coste sanitario. El relato del enfermo aparece minimizado en el breve espacio de tiem- po que le concede el apretado consultorio. La consulta médica, amén de la relación médico-enfermo ha sufrido avances pero también retrocesos. En primer lugar nuestros médicos reciben a los pacien- tes en los consultorios, tras una demora en las listas de espera, con un abreviado e impaciente interrogatorio y diálogo con el enfermo. Cuando realiza la explora- ción física, antepone las imágenes diagnosticas y los datos del laboratorio a las confesiones del enfermo. A pesar de la premura el diagnostico es certero, con un excelente diagnóstico diferencial, y por último la terapéutica es asombrosa, casi milagrosa. Todas estas facetas han contribuido a un progreso increíble y fuera de cualquier duda, pero a pesar de los éxitos el médico y el enfermo se sienten insatisfechos y su mutua relación padece una deficiencia crónica. Asistimos a la rebelión del enfermo, habiendo perdido su merecida autoridad de antaño, cuan- do no es objeto de demandas y agresiones. Hoy precisamente en los primeros lustros del siglo XXI, cuando disponemos de un excelente sistema sanitario, am- plia gama de recursos antibacterianos, poderosos antiinflatorios, en la era de los trasplantes y un largo etcétera de conquistas impensable hace un siglo, son cada vez más frecuentes las quejas y agresiones de los pacientes a los médicos que les atienden. Los datos estadísticos son alarmantes, son numerosas las demandas que interponen los pacientes a sus cirujanos por mala praxis o negligencia pro- fesional, como las quejas que formulan ante la administración sanitaria. El rasgo común a médicos y pacientes, por razones diferentes, es su insatisfacción, pese al envidiable progreso técnico e instrumental de la medicina actual. José Lázaro y Diego Gracia (La relación médico-enfermo a través de la historia . 2005) resumen este cambio operado desde 1973 con estas palabras:” En las últimas décadas del siglo veinte la forma de relacionarse los médicos y los enfermos cambió más que en los veinticinco siglos anteriores. El paso del modelo paternalista al autonomis- ta supuso una transformación con escasos precedentes históricos. La evolución de este fenómeno a lo largo del tiempo afectó a los tres elementos involucrados: 1. El enfermo, que tradicionalmente había sido considerado como receptor pasi- vo de las decisiones que el médico tomaba en su nombre y por su bien, llegó a