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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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los recursos instrumentales de la Medicina. Por vez primera en el curso de la his-
toria, el médico dispone de un verdadero arsenal de fármacos eficaces frente a un
buen número de procesos morbosos. La segunda mitad del siglo XX trajo consigo
la revolución farmacológica que llega hasta nuestros días. Este giro copernicano
ha incidido de lleno en la consulta médica y la relación médico-enfermo. El ad-
venimiento de la revolución farmacológica tuvo sus bases en el ultimo tercio del
siglo XIX, y primeros decenios del XX, de forma que a partir de 1935 se ensayó
con éxito el prontosil (la benceno sulfonamida), que fue la primera “sulfa”, punto
de arranque de la cascada de medicamentos frente a las infecciones bacterianas,
la penicilina, primer antibiótico, comenzaría a comercializarse a partir de 1945.
El éxito de estas drogas maravillosas promovió la investigación de los me-
canismos bioquímicos y farmacológicos, en oposición a la anatomía patológica
que había prevalecido en la etapa anterior, la Bioquímica inauguraba una nueva
línea de investigación, punto de partida del periodo posmoderno o actual basado
en la investigación farmacológica, sus mecanismos, y aplicaciones terapéuticas.
La imagen del Cajal histólogo en el primer tercio del siglo XX, era ahora ocupada
por el bioquímico Severo Ochoa, hecho en modo alguno fortuito pues expresa el
cambio de mentalidad desde lo morfológico a lo bioquímico. La enseñanza de la
Medicina, los programas de investigación en los países avanzados, han relegado
la Morfología a un segundo plano, anteponiendo el estudio de la Bioquímica y
Farmacología, en aras de la curación del enfermo. La carga lectiva y el cúmulo de
conocimientos convierten a nuestros estudiantes más en mini-científicos, que en
terapeutas y clínicos. El modelo actual del médico en ciernes, es el alumno bri-
llante con un envidiable caudal de conocimientos científicos, orientada su forma-
ción a conseguir los primeros números en los exámenes MIR. El aspirante debe
resolver en un tiempo limitado el mayor número de cuestiones en su ingreso en
los Hospitales de formación rotatoria. Esta orientación conduce a menospreciar,
es decir a orillar, las aptitudes vocacionales del médico y sus condiciones per-
sonales, incluso las habilidades mentales y destrezas manuales tan importantes
en algunas especialidades, la primera en Medicina Interna, y las segundas en el
quehacer quirúrgico. Todas las anteriores apostillas explican el cambio opera-
do en la consulta médica y en la relación básica médico-enfermo. La aspiración
generalizada y los objetivos docente-asistenciales es elevar el nivel científico,
entendiendo por “científico” un considerable caudal de información que permita
en lapsos temporales muy breves resolver el abrumador cuestionario de respuesta
múltiple. Esta orientación cuantitativa conduce a orillar cuando no a menospre-
ciar la dimensión personal del enfermo y la relación médico-enfermo. Desde esta
óptica es comprensible que, en la consulta, el médico ponga en un segundo plano
la vida del paciente, su pasado, sus problemas y vivencias, dado que los resul-
tados analíticos objetivos y el potentísimo arsenal terapéutico, nos conducen y