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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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olvidar su participación en las principales procesiones del año, en Semana Santa
y en el Corpus Christi. La Universidad Pontificia celebraba con solemnidad sus
actos académicos, sobre todo con motivo de la festividad de Santo Tomás de
Aquino. Muchos sacerdotes pasaron por este lugar desde 1885 y durante décadas.
Incluso, en los años de la Guerra, como tantos otros edificios religiosos, fueron
requeridos para usos militares —esos “usos militares al servicio de la Patria”—.
En el curso 1939-1940, se inauguraba con setenta nuevos seminaristas frente a
los cuarenta y siete del año anterior. En 1954, se alcanzan los ciento sesenta, in-
cluyendo a seminaristas mayores y menores.
Sin embargo, todavía en los años cincuenta, con el arzobispo José García
Goldáraz, llegamos a los momentos de un mayor número de vocaciones, en plena
posguerra y en el clima del nacionalcatolicismo. Además, en 1955, se producía
una remodelación territorial de la diócesis. Se hacía coincidir ésta de Valladolid
con la provincia. Si antes Medina de Rioseco formaba parte de la de Palencia y
Olmedo de la de Ávila, a partir de aquellos momentos no será así. Todo ello con-
duce a triplicar el número de parroquias. El Seminario Menor se construyó en la
zona de la Rondilla, junto al convento de las carmelitas descalzas y se inauguró
precisamente un 15 de octubre de 1957 con presencia del entonces nuncio Anto-
niutti. En 1958, se censaban doscientos treinta seminaristas. El Seminario Mayor
todavía tendría que esperar para su nueva ubicación. Se produjo una permuta del
viejo Seminario de Sanz y Forés del Prado de la Magdalena por el Colegio Ma-
yor Felipe II que la Universidad estaba construyendo en las orillas del Pisuerga
y muy próximo al Seminario Menor. Estamos hablando de 1965, en un momento
de demanda pastoral y de crecimiento vocacional que se va a frenar poco tiempo
después, aunque todavía en 1970 se hablaba de trescientos treinta con doscientos
cincuenta habitaciones en el Seminario Mayor —seminaristas eran también los
ingleses y escoceses que vivían en otros edificios, en la calle Don Sancho y San-
tuario—. Recordemos cómo en este año 1965 finalizaba el Concilio Vaticano II
y comenzaba el principio de renovación de la Iglesia católica. Pronto, el nuevo
edificio del Seminario Mayor quedaba grande y además perjudicaba su cons-
trucción a las economías diocesanas. Los números rojos estaban perjudicando
notablemente al arzobispo García Goldáraz.
Y la clausura, en la que habría de ser segunda ubicación del convento de
Jesús María de las concepcionistas franciscanas. Éste había sido fundado en 1583
en el espacio del Campo Grande hasta que los cambios urbanísticos de la ciudad
burguesa y de la desamortización, especialmente de los conventos femeninos,
propiciaron su traslado a un edificio que ya había sido construido para albergar
a las monjas salesas por el mencionado arzobispo Benito Sanz y Forés. Éstas no
habían gustado de las condiciones cotidianas del mismo y argumentaron que no
era salubre, por lo que hicieron todo lo posible por abandonarlo y comprar la Casa