Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 222

222 V olumen 55 (2018) de los Mudarra en la actual calle Juan Mambrilla. Allí se establecieron en 1889. El convento de nueva planta quedó abandonado y el arzobispo de Valladolid de la última década del siglo XIX, el cardenal Antonio María Cascajares, propició que las concepcionistas franciscanas de la Acera Recoletos se estableciesen en el mismo con algunas reformas a partir de 1894. Incluso, durante algunos años a aquella comunidad se sumaron las otras concepcionistas del convento fundado a la sombra del que será futuro palacio de Fabio Nelli. Entre ellas se encontraba una monja vasca que destacó con los años en la vida espiritual de la mística: la que habría de ser madre María Ángeles Sorazu, cuyo proceso de canonización se encuentra abierto. Cuando concluyeron las reparaciones del convento, muy dete- riorado de Fabio Nelli, esta segunda comunidad de concepcionistas regresó a su primitiva ubicación —acaban de celebrar el quinto centenario de su fundación— pero en el claustro construido donde actualmente se levanta el IBGM (Instituto de Biología y Genética Molecular) continuaron viviendo hasta principios de los setenta las monjas que procedían de la Acera Recoletos. Así pues, en aquellos primeros años setenta del siglo XX, las nuevas repa- raciones que había que efectuar al edificio y la expansión universitaria de Va- lladolid hacía presagiar un nuevo cambio. Las concepcionistas expusieron sus temores de que la necesidad de construir un nuevo Hospital Clínico obligase a la expropiación del convento, después de haber empleado importantes cantidades de dinero a la hora de repararlo. La comunidad decidió vender este convento y construir uno nuevo en las afueras de la ciudad. Se contaba con las convenientes licencias de Roma y el acuerdo del Arzobispado de Valladolid, se disponía ya de compradores adecuados, cuando llegó la expropiación temida por las monjas, realizada por el Ministerio de la Vivienda en 1970, aunque avisada un año antes por el entonces decano de la Facultad de Medicina. No recibieron las monjas, a juicio de las propias religiosas, demasiadas comprensiones por parte de las au- toridades ministeriales. El contrato no se había firmado con la constructora inte- resada en comprarlo y parecía que, existiendo una expropiación de por medio, podía dejarle de interesar. Además, el Ministerio —según continúan las religio- sas— no quería o no sabía entender la cotidianidad de un convento de contempla- tivas. Antes de establecer la cantidad necesaria para construir un nuevo edificio, las querían hacer vivir en pisos o residencias. Las concepcionistas no se sintieron tampoco apoyadas por las autoridades de la ciudad, en aquella década en la que se destruyó una importante porción de la ciudad histórica en favor del desarrollismo industrial, académico, urbano de Valladolid. Finalmente, la constructora Bernal fue la que se hizo cargo de la expropiación, procediendo la comunidad a elegir un terreno en el kilómetro 3 de la Avenida de Santander, una finca propiedad del Real Colegio de Ingleses, de una extensión de catorce mil kilómetros cuadrados.