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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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tituto Universitario de Historia Simancas, junto a la llamada “Cárcel Vieja”. Un
conjunto de doce mil metros cuadrados. Las portadas que contemplamos desde
la calle Real de Burgos son del siglo XVI, con arcos de medio punto de gran do-
velaje entre columnas.
Uno de los aspectos más importantes de esta gran manzana que vamos anali-
zando, fue la ubicación de la sede del Tribunal de la Real Audiencia y Chancille-
ría de Valladolid, institución de justicia que ha definido perfectamente, no solo el
carácter de la ciudad sino también a su población. El funcionamiento de aquella
justicia, que era facultad real, con sus ritmos y lentitudes, provocaba que mu-
chos fuesen los que tuviesen que pasar obligatoriamente por la ciudad de manera
temporal. El hispanista norteamericano Richard Kagan ha permitido hablar de
la ciudad de pleiteantes, pero también de oidores, abogados, de toda esa nobleza
de toga y administrativa en expresión de Antonio Domínguez Ortiz, procedente
en numerosas ocasiones de la pequeña nobleza que servía al Rey. Era el Tribunal
de justicia más antiguo de la corona de Castilla, englobando dos conceptos que,
a partir de Juan II se van a hacer permanentes en Valladolid: el de Audiencia o
Tribunal de justicia y el de Chancillería o residencia del chanciller, aquel que
custodiaba los sellos reales necesarios en los documentos. El siguiente paso de su
consolidación fue la concesión de Ordenanzas —desde las de Córdoba de 1485
a las de Medina del Campo de 1489— y su establecimiento en el palacio de los
Vivero, en el cual ya habían contraído matrimonio Isabel y Fernando. Después de
sucesivas reformas y ampliaciones, la estructura de la Chancillería se mantuvo
casi sin variaciones hasta el siglo XIX: un presidente, dieciséis oidores, cuatro
alcaldes de lo criminal, un juez mayor de Vizcaya, dos alcaldes de hijosdalgo, los
notarios, dos fiscales (civil y criminal), un alguacil y un pagador, además de otros
funcionarios como el registrador, archivero, relatores —todavía cerca de aquí hay
una calle de Relatores—, escribanos de cámara, procuradores y porteros.
La importancia de esta institución en la ciudad provocó que sus ausencias
transitorias y momentáneas siempre fuesen contempladas desde dentro como
todo un desastre para Valladolid. Cuando se alquilaba una casa, se especificaba de
forma clara que la renta debía pagarse de manera íntegra, aunque la Chancillería
marchase a causa de alguna epidemia —como ocurrió en 1518 ó 1534—. Tam-
bién los funcionarios que vivían de ella, sin exceptuar a los pleiteantes, estaban
abocados a la economía de consumo y lujo. Por causa de la peste de 1599 se sus-
pendieron los negocios del Tribunal por espacio de sesenta días. Con la llegada
de la Corte de 1601 la Chancillería se vio obligada a salir de Valladolid, camino
de Medina del Campo, con notable desagrado por parte del presidente, entonces
Jerónimo Corral, y de los oidores, por considerar que esta incomodidad no las
tenía que padecer el Tribunal más antiguo de Castilla. Con su nueva residencia en
Medina, las ferias propias de aquella villa se trasladaron a Burgos. En 1604, se