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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid 215 tituto Universitario de Historia Simancas, junto a la llamada “Cárcel Vieja”. Un conjunto de doce mil metros cuadrados. Las portadas que contemplamos desde la calle Real de Burgos son del siglo XVI, con arcos de medio punto de gran do- velaje entre columnas. Uno de los aspectos más importantes de esta gran manzana que vamos anali- zando, fue la ubicación de la sede del Tribunal de la Real Audiencia y Chancille- ría de Valladolid, institución de justicia que ha definido perfectamente, no solo el carácter de la ciudad sino también a su población. El funcionamiento de aquella justicia, que era facultad real, con sus ritmos y lentitudes, provocaba que mu- chos fuesen los que tuviesen que pasar obligatoriamente por la ciudad de manera temporal. El hispanista norteamericano Richard Kagan ha permitido hablar de la ciudad de pleiteantes, pero también de oidores, abogados, de toda esa nobleza de toga y administrativa en expresión de Antonio Domínguez Ortiz, procedente en numerosas ocasiones de la pequeña nobleza que servía al Rey. Era el Tribunal de justicia más antiguo de la corona de Castilla, englobando dos conceptos que, a partir de Juan II se van a hacer permanentes en Valladolid: el de Audiencia o Tribunal de justicia y el de Chancillería o residencia del chanciller, aquel que custodiaba los sellos reales necesarios en los documentos. El siguiente paso de su consolidación fue la concesión de Ordenanzas —desde las de Córdoba de 1485 a las de Medina del Campo de 1489— y su establecimiento en el palacio de los Vivero, en el cual ya habían contraído matrimonio Isabel y Fernando. Después de sucesivas reformas y ampliaciones, la estructura de la Chancillería se mantuvo casi sin variaciones hasta el siglo XIX: un presidente, dieciséis oidores, cuatro alcaldes de lo criminal, un juez mayor de Vizcaya, dos alcaldes de hijosdalgo, los notarios, dos fiscales (civil y criminal), un alguacil y un pagador, además de otros funcionarios como el registrador, archivero, relatores —todavía cerca de aquí hay una calle de Relatores—, escribanos de cámara, procuradores y porteros. La importancia de esta institución en la ciudad provocó que sus ausencias transitorias y momentáneas siempre fuesen contempladas desde dentro como todo un desastre para Valladolid. Cuando se alquilaba una casa, se especificaba de forma clara que la renta debía pagarse de manera íntegra, aunque la Chancillería marchase a causa de alguna epidemia —como ocurrió en 1518 ó 1534—. Tam- bién los funcionarios que vivían de ella, sin exceptuar a los pleiteantes, estaban abocados a la economía de consumo y lujo. Por causa de la peste de 1599 se sus- pendieron los negocios del Tribunal por espacio de sesenta días. Con la llegada de la Corte de 1601 la Chancillería se vio obligada a salir de Valladolid, camino de Medina del Campo, con notable desagrado por parte del presidente, entonces Jerónimo Corral, y de los oidores, por considerar que esta incomodidad no las tenía que padecer el Tribunal más antiguo de Castilla. Con su nueva residencia en Medina, las ferias propias de aquella villa se trasladaron a Burgos. En 1604, se