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de la Concepzión, interin que se le hacen las exequias”. Pocas fechas después, en
noviembre de 1720, especificaba el párroco de San Pedro que había impartido el
sacramento de la penitencia a una penitenciada del Santo Oficio, con la licencia
de los inquisidores, además del de la extremaunción, aunque no el de la comunión
“por ser acelerada su muerte”. Después se la enterró dentro del templo, aunque
en una sepultura donde se mantuvo el silencio de su identidad, como ocurrió en
este libro de difuntos. Un párroco que no solamente daba testimonio de la muerte
de penitenciados sino también de inquisidores como la de José Samaniego en
abril de 1728, el cual tampoco recibió el sacramento de la comunión, pues había
perdido el habla. Eso sí, fue enterrado en el convento de los frailes descalzos del
Carmelo, la actual iglesia del Carmen Extramuros. Si el condenado a muerte por
la Inquisición llegaba hasta la ejecución de la sentencia, entonces se celebraba el
Auto de Fe en un espacio lo suficientemente público, ubicándose el quemadero
en el Campo Grande.
Cuando los franceses se establecieron en la ciudad, tras la invasión de 1808,
moraron en las casas del Tribunal, sirviendo de cuartel de alemanes y franceses.
Fue entonces, en diciembre de 1809, cuando tuvo lugar el incendio que destru-
yó este edificio desde las horas nocturnas, sin poderse tocar las campanas en el
momento para sofocarlo ante la prohibición de esta medida. No se conoció a los
responsables. Por espacio de cuatro días, se consumió esta casa tan temida por
los vallisoletanos, quedando solamente en pie la fachada de la misma, como con-
firma el catedrático Juan Ortega y Rubio, en su “Historia de Valladolid” de 1881.
Incendio que consumió también sus valiosos archivos. Tras el restablecimiento
del absolutismo, con la llegada de Fernando VII en 1814, regresaba a la vida de
los vallisoletanos el Tribunal del Santo Oficio, aunque mucho más debilitado.
Volvieron a una zona urbana que habían poblado en el siglo XVI, en la actual ca-
lle Alonso Pesquera, entonces llamada de Herradores, en las casas de la marquesa
de Arco. Así vino ocurriendo hasta que desapareció definitivamente el Tribunal
con el Antiguo Régimen y la llegada del liberalismo. El espacio de la casa de la
parroquia de San Pedro fue subastado en tiempos de desamortizaciones y, duran-
te la Dictadura de Primo de Rivera sirvió para la construcción del mencionado
Grupo Escolar.
3. En esta ciudad de diversas jurisdicciones: la Chancillería
Destacó Juan José Martín González, y luego estudió Jesús Urrea, que las
casas hoy ocupadas por la Casa del Estudiante de la Universidad de Valladolid,
pertenecían a los condes de Rivadabia y marqueses de Camarasa. Después se
convirtió en Casa de Beneficencia. La Universidad adquirió estas dependencias
que en los últimos años habían sido usadas por la Real Chancillería y como con-
vento de las madres oblatas, además de la Casa del Alcaide, actual sede del Ins-