Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 213

A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid 213 de 1559. La tercera ubicación, en esta parroquia de San Pedro, se situaba entre el templo y la calle de la Peña de Francia, que también se la conoció como “calle de los Moros”. Inicialmente, los inquisidores —jueces para la ortodoxia de la fe controlados por la Monarquía— alquilaron estas casas y hasta 1572 nos las com- praron. Desde entonces, apareció la necesidad de llevar a cabo las reparaciones y ampliaciones pertinentes. La entrada principal se hallaba en la mencionada de “Peña de Francia”, mientras que la salida de las carretas se realizaba por la conocida como “Ma- dre de Dios”, cercana al monasterio del mismo nombre de monjas dominicas. Ampliaciones y reparaciones en las que intervino, según subrayó el jesuita Luis Fernández, el maestro de obras Pedro Mazuecos, muy prestigiado en Valladolid: “Condiciones de cómo han de hacer la casa que mandan hacer los señores Yn- quisidores en esta villa de Valladolid para cárcel y bibienda de los penitenciados y cárcel de los familiares y alcayde la qual dicha casa se ha de hacer conforme a una traza que mandaron hacer los señores inquisidores que ban en tres papeles la planta primera y la segunda”. Una escritura donde se apreciaban algunas cues- tiones de comportamiento dentro del Tribunal, cómo cuando se especifica la ne- cesidad de hacer una portada para facilitar la entrada de los penitenciados y otra por donde iban los familiares del tribunal. Asimismo, se detallaba la forma en cómo se habrían de cerrar las ventanas que daban a la calle, así como las aldabas y cerrojos de las puertas. Estábamos hablando de los años finales del siglo XVI. Además, podemos conocer los edificios contiguos que se fueron añadiendo a las casas principales que compraron y que conformaron el complejo inquisitorial. Esta nueva edificación era la llamada “Casa de la Penitencia”. Un conjunto que se encontraba convenientemente cercado por corrales, jardines y huertas, donde se hallaba el domicilio de los inquisidores y las cárceles. La prolongación de la vida del que se encontraba preso en estas cárceles era muy variable en el tiempo. Fray Luis de León fue absuelto en 1576 pero Carran- za fue conducido a Roma, buscando otras jurisdicciones. La muerte podía llegar antes de la ejecución. Entonces, en su sepultura, intervenía la parroquia de San Pedro. Más tarde, ya a principios del siglo XVIII, el cura de la misma advertía que entre los feligreses se habían planteado disensiones acerca del lugar en que eran enterrados los penitenciados, considerando adecuada la reserva de unas se- pulturas en el arco de la Puerta que miraba hacia el Prado de la Magdalena, una entrada en la iglesia que hoy no existe, aunque desde ella se construyó la amplia- ción que permitió situar, a mediados del siglo XX, el paso de Semana Santa de la “Sagrada Cena” tallado por Juan Guraya en 1958. De esta manera, distingue el párroco de entonces que con los penitenciados fallecidos convenía “hazer algu- na distinzión en la pompa funeral y poner sus cadáueres no dentro de la capilla maior, sino fuera entre los colaterales del Santísimo Cristo [de la Espiga] y N.S.