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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid 209 Ésta es una magnífica obra, sin duda, considerada milagrosa, para atajar las grandes necesidades de las sequías, por ejemplo, en el siglo XVIII. Lo tenemos documentado a través del diario de Ventura Pérez, un ensamblador de retablos que vivía en la calle de los Orates —Cánovas del Castillo— en aquel siglo. Ma- tías Sangrador explicaba a través de una tradición milagrosa la ausencia del clavo de uno de los pies. Es de tamaño natural. Se le conducía, desde antiguo, “á vista de los campos, siempre que se veían amenazados de alguna plaga ó cuando se temía esterilidad por falta de agua”. En el recorrido se alcanzaba el convento de los frailes carmelitas descalzos —el actual Carmen extramuros— en un recorrido que nos podía hacer recordar el Rosario de la Aurora que todavía hoy se celebra desde esta iglesia de San Pedro hasta el mencionado Santuario en la víspera del Lunes de Pentecostés. Ventura Pérez así lo cuenta: “el día 30 de abril de 1737 sacaron en procesión de rogativa al Santísimo Cristo de la Espiga en la parroquia de San Pedro habiendo precedido sus nueve días de novena por falta de agua. Le llevaron a Santa Clara, San Benito el Viejo, Chancillería, Madre de Dios, y aquí y en Santa Clara le cantaron sus villancicos, y desde allí a casa por detrás de la iglesia”. No será la única por supuesto. El siglo XVI fue el de la expansión física de este templo de San Pedro con diferentes etapas para la construcción. Tomaba como ejemplos arquitectónicos el convento de monjas dominicas de la Madre de Dios y la cercana iglesia parroquial de San Benito el Viejo, antes de haber recibido el patronato y generosidad del que fuera corregidor de Valladolid, Diego de Sarmiento y Acuña, futuro conde de Gondomar. Las obras se prolongaron hasta principios del siglo XVII (1606), pues el maestro de obras Francisco Negrete se comprometía a finalizarlas ante el cura párroco y el mayordomo de la parroquia. Existía una estrecha relación entre la de San Pedro y la Iglesia Mayor de Valladolid, convertida en Iglesia Catedral desde 1596. El tutelaje consistía en la paga anual de una cantidad de dinero, desde la cual cubrir sus necesidades. Cuando la Iglesia matriz desatendió esta obligación, la parroquia procedió judicialmente, como solía ocurrir habitualmente. Dinero que estará dedicado a nuevas obras, como el coro alto, y que se continuó reali- zando a lo largo del XVIII. Estamos hablando de un templo de una sola nave, en piedra y ladrillo. Mien- tras la cabecera se cubre con una bóveda de crucería estrellada, la nave lo hace con bóveda de medio cañón, como influencia de la arquitectura clasicista de la Catedral, con intervención de algunos de sus arquitectos. Hace poco tiempo se ha restaurado su retablo mayor, así como otros laterales dentro de un proceso de recuperación del patrimonio que debemos destacar. Ventura Pérez nos hablaba en su mencionado Diario, en 1758: “día del Apóstol San Pedro se estrenó su retablo nuevo [en su iglesia parroquial] y se doró luego y se dió concluido el día 15 de abril de 1759 siguiente”. Curiosamente, en aquel año, se estrenaban dos grandes