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ticas eran tiendas regentadas por artesanos sin estudios universitarios, lo mismo
ocurría con los albéitares, precursores de los futuros veterinarios. En el mundo
germánico existía una separación radical entre los médicos universitarios, y los
“barberos-cirujanos”, los Wundärzte, semejantes diferencias sociales eran per-
ceptibles en el Reino Unido entre los miembros del Royal College of Physicians y
los cirujanos prácticos. En Norteamérica el ejercicio de las profesiones sanitarias
estuvo en manos de prácticos de escasa formación doctrinal. En los Virreinatos
españoles de Indias, sobre todo en Nueva España, la existencia de Universidades
facilitó la presencia de médicos graduados, aunque el número de profesionales
era realmente exiguo ante las enormes dimensiones geográficas. Al margen de
los médicos graduados existieron hasta el siglo XVIII profesiones anexas y co-
nexas con la Medicina como los sacadores de muelas o dentistas, los batidores
de catarata antecesores de los oculistas, maestros de curar llagas, o restaurar los
huesos quebrados, incluso maestros tallistas que operaban de la piedra vesical,
o los hernistas prácticos en la operación de la herniotomía crural. Estas denomi-
naciones y habilidades mecánicas están recogidas en la legislación castellana,
como la Nueva y la Novísima recopilación. Mención aparte merecen las parteras,
comadres o madrinas, que monopolizaron la asistencia al parto en Europa hasta
que los cirujanos del siglo XVIII se ocuparon de las parturientas, en esta práctica
obstétrica destacó la figura André Levret. Es así como, los cirujanos, iniciaron la
medicalización de la asistencia obstétrica. Ante este pluralismo, cuyos profesio-
nales carecían de una mínima formación reglada, la diversidad de relación mé-
dico-enfermo difícilmente puede reducirse a un mismo modelo. Las profesiones
sanitarias en Europa, antes del siglo XVIII, contaron con un abigarrado elenco de
hábiles prácticos en materias concretas, cuyo aprendizaje se realizaba como un
oficio artesanal.
La consulta de los médicos universitarios a lo largo de la modernidad consta-
ba de notables diferencias con el acto medico actual. En primer término la consul-
ta tradicional se realizaba con un detenido diálogo entre el médico y el paciente,
con una amplia anamnesis. Desde 1500, primero esporádicamente, posteriormen-
te con mayor frecuencia, las historias clínicas incluían referencias a las lesiones
de autopsia cuando los cuerpos eran anatomizados. En la consulta tradicional se
omitía cualquier referencia a la investigación clínica, en el sentido de explora-
ción del paciente, y observación somática. Sin embargo, el Reino Unido, bajo el
influjo de Thomas Sydenham, conoció los primeros ensayos clínicos, basados en
el empirismo , sobresalen las historias clínicas y las experiencias de dos grandes
clínicos, el escocés James Lynd que descubrió las causas del escorbuto (A Trea-
tise of Scurvy, 1753), y la magna contribución del inglés Edward Jenner a quien
debemos la vacuna contra la viruela ( An Inquire into the Causes and Effects of
the Variole Vaccine or Cow-Pox 1798), especialmente Jenner en este breve opús-