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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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proponía sangrar antes la herida y purgarla, vendándola con estopas empapadas
con vinagre y se restringía la alimentación al herido. Si había hematomas extensos
se debería de aplicar fomentos con clara de huevo y aceite rosado a la vez que se
había un drenaje de la colección hemática utilizando una lanceta escarificadora.
Las amputaciones se cauterizaban con hierros al rojo vivo para lograr la frenar la
hemorragia y se intentaba cerrar la herida cosiendo los tejidos
Las heridas de arma blanca se trataban con cauterización del trayecto que
había realizado el elemento cortante, donde se aplicaban hierros candentes en las
heridas de modo que el tejido y las venas se sellaban, previniendo así la pérdida
de sangre y la infección.
La flecha ya sea de arco o ballesta, produce un orificio penetrante en el lugar
del impacto generalmente con gran profundidad. La punta y cabeza de flecha, se
unía al vástago soporte mediante cera caliente de abeja y atadura con fibras, ma-
terial que en ocasiones quedaba depositado en el trayecto de la herida. Cuando la
flecha penetra la cabeza y punta queda en el interior y para lograr su extracción,
se utilizaba un instrumento en forma de cuchara que se introducía en la herida
para extraerla por deslizamiento evitando mayores daños. El tratamiento de la
herida se hacía como otras heridas de arma blanca
Las heridas de arma de fuego eran tratadas de acuerdo a los postulados de
los cirujanos alemanes Hieronymus Brunschwig y Hans von Gersdorff cauterizadas
vertiendo aceite hirviendo por los orificios de la
herida que pensaban que así se anulaba la mor-
tal acción del veneno contenido en la pólvora
Las heridas por proyectiles de artillería
se trataban de acuerdo a los destrozos causa-
dos y el lugar de la lesión que dependía ade-
más de la naturaleza del proyectil que podría
ser piedra o hierro.
En esta época también se seguían las in-
dicaciones del médico suizo Phillipus Bombast
von Hohenheim conocido por Paracelso (1493-
1541) que optaba por intervenir lo menos po-
sible a la hora de tratar heridas, fracturas y lu-
xaciones, dejando al tiempo y a la naturaleza
ejercer su acción, evitando a sus pacientes el
trauma sobreañadido de una manipulación de
dudosos resultados, criterio que en parte adop-
tó Dionisio Daza Chacón.
En lo que respecta a la anestesia, siem-
pre ligada por razones obvias a la cirugía, esta
no tuvo ningún desarrollo especial en este
Texto de Cirugía de Dionisio
Daza Chacón
periodo histórico tratado. Teodororico de Luca