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V olumen 55 (2018)
El tratamiento de las heridas cambió de forma radical en este siglo XVI. Se
abandonaron antiguos conceptos y se aplicaron otras concepciones, obtenidas
más en la práctica de la actuación en el campo de batalla que en bases teóricas.
Estas guerras aportaron una experiencia e información muy abundante y los mé-
dicos que acompañaban a los ejércitos las pudieron poner en marcha. Además del
trabajo de campo se habilitó el hospital de campaña y aunque si bien es cierto que
existía cirujanos contratados especialmente
al servicio del rey, los nobles también dis-
pusieron de estos profesionales que estaban
a su servicio. Otros no estaban empleados y
cobraban por atención realizada, siendo al-
gunos de ellos muy demandados. El presti-
gio que consiguieron estos profesionales fue
relevante, aunque todavía en la mayoría de
los casos permanecieron incluidos en los gre-
mios de barberos y cirujanos, y sólo los más
renombrados gozaron del reconocimiento,
amparo y soporte real, de la nobleza y e in-
cluso de la sociedad, algo que se les permitió
ocupar cargos relevantes en las cortes de la
época.
La cirugía en la Edad Media era muy bá-
sica y rudimentaria. Los cirujanos tenían muy
pocos conocimientos sobre anatomía humana,
Texto de Cirugía de Guy de Chauliac
anestesia o métodos antisépticos para mantener
en el que se basaron los tratamientos
las heridas e incisiones fuera de infecciones.
iniciales en el Renacimiento
Los cirujanos-barberos españoles de principios del siglo XVI, en la atención
de las heridas de guerra, seguían todavía criterios medievales sobre todo soporta-
dos en los conocimientos trasmitidos por el cirujano Guy de Chauliac y reflejado
en su libro La Grande Chirugie, impreso en 1363. Los métodos utilizados son muy
primitivos basados en una medicina medieval. De esta manera las heridas más
superficiales se trataban rociándolas con vino, elemento generalmente abundante
en los campos de batalla. En las heridas más profundas para drenar los fondos de
la herida se realizaban contraaberturas con objeto de poder colocar sistemas de
drenaje para vaciar la cavidad de fluidos y sangre. Para cohibir las hemorragias
se echaba un ungüento mezcla de sangre de drago, cal e incienso. En las perdidas
de tejidos, el espacio se rellenaba con una pasta fabricada con harina de cebada,
habas, incienso, polvo de aristoloquia y tierra sigilata. Para cubrir las laceraciones
de la piel se cubrían con pasta formada por corteza de granada, agallas verdes, cal
lavada, alumbre y escoria de vitriolo. Para bajar la inflamación de las heridas se