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144 V olumen 55 (2018) El tratamiento de las heridas cambió de forma radical en este siglo XVI. Se abandonaron antiguos conceptos y se aplicaron otras concepciones, obtenidas más en la práctica de la actuación en el campo de batalla que en bases teóricas. Estas guerras aportaron una experiencia e información muy abundante y los mé- dicos que acompañaban a los ejércitos las pudieron poner en marcha. Además del trabajo de campo se habilitó el hospital de campaña y aunque si bien es cierto que existía cirujanos contratados especialmente al servicio del rey, los nobles también dis- pusieron de estos profesionales que estaban a su servicio. Otros no estaban empleados y cobraban por atención realizada, siendo al- gunos de ellos muy demandados. El presti- gio que consiguieron estos profesionales fue relevante, aunque todavía en la mayoría de los casos permanecieron incluidos en los gre- mios de barberos y cirujanos, y sólo los más renombrados gozaron del reconocimiento, amparo y soporte real, de la nobleza y e in- cluso de la sociedad, algo que se les permitió ocupar cargos relevantes en las cortes de la época. La cirugía en la Edad Media era muy bá- sica y rudimentaria. Los cirujanos tenían muy pocos conocimientos sobre anatomía humana, Texto de Cirugía de Guy de Chauliac anestesia o métodos antisépticos para mantener en el que se basaron los tratamientos las heridas e incisiones fuera de infecciones. iniciales en el Renacimiento Los cirujanos-barberos españoles de principios del siglo XVI, en la atención de las heridas de guerra, seguían todavía criterios medievales sobre todo soporta- dos en los conocimientos trasmitidos por el cirujano Guy de Chauliac y reflejado en su libro La Grande Chirugie, impreso en 1363. Los métodos utilizados son muy primitivos basados en una medicina medieval. De esta manera las heridas más superficiales se trataban rociándolas con vino, elemento generalmente abundante en los campos de batalla. En las heridas más profundas para drenar los fondos de la herida se realizaban contraaberturas con objeto de poder colocar sistemas de drenaje para vaciar la cavidad de fluidos y sangre. Para cohibir las hemorragias se echaba un ungüento mezcla de sangre de drago, cal e incienso. En las perdidas de tejidos, el espacio se rellenaba con una pasta fabricada con harina de cebada, habas, incienso, polvo de aristoloquia y tierra sigilata. Para cubrir las laceraciones de la piel se cubrían con pasta formada por corteza de granada, agallas verdes, cal lavada, alumbre y escoria de vitriolo. Para bajar la inflamación de las heridas se