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V olumen 55 (2018)
Para obtener la información en relación con las heridas, se ha utilizado fun-
damentalmente de las obras de los grandes cirujanos que las describían como
ejemplo en sus libros de texto presentándolas como casos clínicos. Dionisio Daza
Chacón utiliza esta técnica. En muchas ocasiones las heridas están relacionadas
con la descripción de la lesión sobre todo en personas relevantes que la sufrieron
y de alta categoría social o en el mando, por lo que se prodigan descripciones de
maestre de campos, nobles, pero también de capitanes, siendo más infrecuentes
las relativas a soldados rasos, salvo que estos estuvieran vinculados a hechos
heroicos o al haber sufrido las lesiones junto con sus señores.
Es necesario describir las heridas de acuerdo a su elemento lesional, que
no solo va tener relevancia el mismo, sino también la actuación del cirujano en
el tratamiento, que en muchas ocasiones producía más lesiones de manipulación
que el propio elemento de agresión. Al respecto comentamos que el propio Daza
Chacón, propugna en ocasiones dejar el elemento agresivo dentro del cuerpo,
puesto que extracción conllevaba una mayor morbilidad y también mortalidad.
Sí que es verdad que los agentes lesionales que se quedaban en el interior como
bolas de arma de fuego o flechas, representarían un elemento que provocaba in-
fección en la mayoría de las ocasiones letal para el herido.
Heridas de puñal, espada, terciado, dagas y otros elementos cortantes de
doble filo, producían a nivel de los diferentes tejidos lesiones de corte de pene-
tración, generalmente profundas, que podían llegar a atravesar varias regiones
anatómicas en la zona afectada. Generalmente, después de atravesar los tejidos,
se retiraba el arma, dejando una herida penetrante, profunda, que había afectado
órganos de acuerdo a la parte corporal lesionada. La espada se utilizaba en es-
pacios amplios, siendo el puñal efectivo en zonas angostas como en las minas
de los asedios. También se utilizaba el puñal para acuchillar a los soldados en
los choques entre contingentes, que lo hacían soldados de pequeño tamaño que,
deslizándose entre las piernas del enemigo, lesionaban a los individuos en zonas
por debajo de la cintura en especial extremidades, ingle y genitales. Producían
numerosos cortes y punciones, y en muchas ocasiones al afectar a vasos sanguí-
neos, resultados mortales.
Sobre armas de corte, otro tipo lesional, lo representaba el alfanje o la ci-
mitarra, generalmente utilizada por los ejércitos de los países árabes y que sobre
todo afectó a los ejércitos españoles y sus aliados en la célebre batalla de Lepanto.
Su acción era de corte. Su lesión era de separación de estructuras más o menos
superficial o profundo con lesión longitudinal. En muchas ocasiones se utilizaba
para cortar la cabeza del enemigo, que determinados ejércitos gustaban posterior-
mente exhibir como trofeo y con carácter intimidatorio colocadas en las puntas
de las lanzas.