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Tampoco se tome a manera de exculpación al régimen de Hitler en lo que atañe al
racismo virulento, propio de su naturaleza ideológica; pero las palabras de Owens en
aquellos momentos fueron sumamente gráficas para dar a conocer la amarga realidad de los
negros en la Unión Americana. Y el final de Jesse fue de lo peor, puesto que tuvo que
complacer a los millonarios blancos corriendo en hipódromos de la Cuba pre-castrista,
compitiendo con caballos de velocidad para el deleite de esos potentados que viajaban a
Cuba para divertirse a sus anchas y así Owens pudo sobrevivir a su miseria material.
Algo parecido sucedió con el “Bombardero de Detroit”, el boxeador de los pesos
completos, Joe Louis, quien, si hubiese sido por la decisión de los hombres blancos de los
Estados Unidos, hubiera muerto en el abandono absoluto en uno de los tantos desagües de
cualquier ciudad del país. Fue gracias al contrincante de Louis, el alemán Max Schmeling,
quien le hacía llegar un significativo cheque mes a mes, al ex boxeador negro, y así pudo
llevar una vida digna tras ser abandonado por los blancos estadounidenses, después de
haberles dado gloria a todos mediante el boxeo. Y los ejemplos como los anteriores se
apilan unos con otros en la larga historia norteamericana y siempre en contra del ciudadano
negro, quien es igual al rubio que suele mirarlo con desdén, desconfianza y odio, desde sus
lujosos autos.
La anterior recapitulación que hemos hecho se suma a los actos racistas de los
últimos días en Luisiana, Minnesota y Dallas, con el asesinato de dos jóvenes negros a
manos de la policía; y de cinco agentes uniformados por la acción de dos francotiradores
parapetados en edificios de la última ciudad que hemos citado. Ya los negros están hartos
de una persecución que no se disimula el mínimo siquiera; de que no les reconozcan sus
valores que tienen como personas, profesionales, artistas y deportistas; de que no se les
tomen en cuenta sus hazañas y sus grandes logros internacionales a favor de los Estados
Unidos y de los mismos blancos. Y todos sabemos que esos dos francotiradores están
enviando un mensaje muy claro a la parte blanca de la sociedad y que dice más o menos
así, “estamos hartos de sus atropellos, de sus crímenes de hoy, de ayer y de los que
provocarán con toda seguridad mañana. Aquí estamos contestando al fuego de ustedes con
nuestro fuego y no estamos dispuestos a tolerar sus abusos racistas ahora y nunca más.”
El corazón negro y bueno de los Estados Unidos está herido. El racismo está en
plena ebullición y el mundo entero observa los hechos, asqueado de tanto odio sin sentido –
si es que alguna vez el odio tuvo algún sentido-, y deseoso de que el hombre negro sea
respetado, valorado, querido y elevado al sitial que le han negado hasta estos aciagos
tiempos que están sobrellevando con sangre y dolor.