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troversia depende de la existencia de los locutores e interlocutores
que la hacen posible y de que él ha sido convocado en calidad de
hablante y de oyente.
Presupuestos lógicos y semánticos que apuntan a los resultados de la
discusión:
Primero: Ningún hablante debe contradecirse
Quien se contradice en términos lógicos, pierde valor en su argumentación. El diálogo es, ante todo, ejercicio de la racionalidad constructiva y,
por lo tanto, las contradicciones contenidas en un mismo discurso son
autodestructivas, demuelen, en forma de contra-argumentación, lo que
se intenta edificar por medio de razonamientos.
Segundo: Lo que un participante diga sobre algo o alguien
debe poderse aplicar de igual manera a todo lo que se parezca en circunstancias y características.
Este presupuesto está fundamentado en la esencia universal de los conceptos. A veces nos acostumbramos a hacer transferencias incompletas
y a establecer criterios y normas generales basándonos en casos particulares. La discusión debe proceder a la manera del método científico,
especialmente cuando se trata de seminarios investigativos.
Tercero: Diversos hablantes no pueden emplear la misma expresión o el mismo término con significados distintos.
Esta es una situación bastante común en la mayoría de nuestras discusiones y tiene que ver con los problemas semánticos. Cuando se descubre, la discusión necesariamente tiene que volver a su lugar de origen.
Por eso, que, a veces, sea necesario prevenirla haciendo una conveniente
explicación de términos para que el debate pueda desarrollarse de manera constructiva sobre la base de un entendimiento en el lenguaje. Los
hablantes deben aclarar expresiones de carácter anfibológico o palabras
muy vagas que extravían la discusión del nivel de pertinencia que debe
mantener.
Cuarto: Un mismo hablante debe cuidarse de no emplear una
misma expresión con significados distintos.
A no ser que brinde las aclaraciones correspondientes. Este es el mismo
presupuesto anterior pero aplicado a las elocuciones individuales. Por lo
general, tiene que ver con la falta de claridad conceptual, con la escasez
de vocabulario o con el manejo impropio de los términos. No se descarta,
tampoco, el deseo estratégico de manipular mediante el lenguaje.