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fáciles y deshace los prejuicios, pero, al mismo tiempo, fortalece los enunciados vigorosamente demostrativos y permite resaltar las ideas fuertes.
El Seminario, grupo de investigadores, cree en el intercambio y en la participación como forma de aproximarse al saber. Reconoce la bondad de
considerar el punto de vista del otro como forma de acercarse a la plenitud del conocimiento. Procede a la manera de la «razón dialógica», que
busca encontrar la verdad a través de los velos del lenguaje mediante los
procesos sociales de interacción y participación. De ahí que la discusión
sea el momento culminante en la práctica del seminario investigativo y
que todas las demás actividades aparezcan ordenadas a que ésta se produzca.
Pero, ¿qué es discutir? Normalmente, es hablar, oír y replicar. Actividades
que, por describir una secuencia en el tiempo. no pueden ejercitarse en
forma simultánea: cuando se habla no se oye y cuando se oye no se habla, cuando se replica o contra-argumenta no se está hablando (argumentando) ni oyendo. De lo que se deduce que todo ejercicio de discusión
debe proceder en un orden riguroso si se quiere producir avance en el
conocimiento y aproximación entre las personas. El escepticismo que
algunas personas manifiestan frente a la discusión y al debate como actividades académicas serias se origina comúnmente en actitudes y prejuicios equivocados con respecto a las exigencias y presupuestos de una
buena discusión, y expectativas exageradas en relación con lo que puede
ser su rendimiento o producto final.
Casi siempre las discusiones fracasan porque no sabemos discutir o discutimos mal.
Algunos prejuicios y actitudes negativas frente a la discusión:
1
El dogmatismo: La actitud dogmática constituye un contrasentido en
el seno de una discusión. Los temas, problemas y aseveraciones deben presentarse como controvertibles, es decir, como «objetos de discusión». La mayor validez que pueda obtener una afirmación o una
negación, a no ser que la fuerza argumentativa o demostrativa que la
acompaña exija el consenso, es la de la presentación de un punto de
vista personal o la del tono de una propuesta. Las verdades «cerradas» no son materia de discusión.
2
El prejuicio de que discutir es perder el tiempo: Este nace de una
supervaloración de nosotros mismos y de una infravaloración de los
demás. Además, aparece comúnmente acompañado de una experiencia personal repetida de haber intervenido en discusiones adelantadas sin ningún ordenamiento y rigor en las que los presupuestos bá-