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Desarrollo socioemocional, de la identidad y la moral
A partir de los 5 años, comienza
el contacto con las normas del juego,
reglas de ejecución y éxito, rituales
de preparación de juego, etc., es de-
cir, se inicia la parte lógica del juego,
las cosas no ocurren porque sí y hay
una normativización de la actividad.
El juego se hace más grupal y sim-
bólico. Y hasta los 8 años perdura la
percepción de inviolabilidad de la
norma, es decir, las reglas se conci-
ben de manera inflexible como abso-
lutas.
A partir de los 8 años, los niños
comprenden mejor el sentido de las
reglas y no las cumplen únicamente
porque así se dicta. Las aceptan, pero
son capaces de modificarlas si se da
consenso para ello. Empiezan a sur-
gir mayores preferencias individua-
les de juego (más físico, mental, sim-
bólico, expresivo, etc.) pero el grupo
será la base todavía de juegos.
Para Vigotsky el juego es un
momento transicional de la niñez a
la adultez, y presenta dos paradojas
(Reyes-Navia, 1999): el niño opera
con un significado alienado de la rea-
lidad (el niño suele ser muy concreto
y centrarse en lo conocido, y en el
juego “inventa” cosas) y durante el
juego el niño no muestran resistencia
(pese a hacer lo que quieren y les pro-
voca placer, siguen unas normas).
Por otro lado, Piaget indica 3 ti-
pos de estructuras que definen tipos
de juego en la infancia: de ejercicio,
simbólicos y de reglas. Además, aña-
de los juegos de transición como for-
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ma adaptativa de paso o transición
en los tres tipos. Vemos estos:
a) Juego de ejercicio: de 0 a dos años,
cubriendo la fase de desarrollo pre-
verbal. Son conductas por placer,
sin un fin concreto ni meta estable-
cida.
b) Juego simbólico: de 2 a 7 años, uti-
lizan el símbolo o representación de
lo ausente para jugar, dándose una
comparación entre el objeto real y
el subjetivo que se representa.
c) Juego de reglas: de 7 a 11 años,
donde se regularizan las activida-
des lúdicas y la idea de obligación
se comparte entre dos o más indivi-
duos.
5.1.2. Agresividad
Tanto la dinámica familiar como
la del grupo de iguales influyen en las
conductas agresivas a estas edades,
pues muchos actos violentos no están
determinados solo por conseguir obje-
tivos personales, sino también por in-
tereses que afectan al grupo al que el
niño pertenece.
La conducta agresiva tiende a ser
un atributo estable en tanto que es una
forma de respuesta personal o propia
a distintas situaciones. Se puede decir
que si a los 8 años se siguen mante-
niendo rabietas y conductas de desafío
(que son normativas a los 4 años), es
conveniente una atención específica.
Las manifestaciones agresivas a
partir de los 6 años son distintas a las
de edades anteriores. La agresividad
modifica su forma de expresión: se