Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | Page 340

HÉCTOR B. FLETES OCÓN l MARÍA GUADALUPE OCAMPO GUZMÁN Alcances y retos de los movimientos alimentarios alternativos desde las acciones y perspectivas por la venta de algunos de los productos en diferentes momentos a lo largo del año. El sistema MIAF ha sido impulsado por una empresa consultora de la región de Los Altos de Chiapas. También, la instalación de huertos de traspatio obedece más bien a una estrategia práctica para enfrentar la escasez de alimentos en contextos de poblaciones dispersas y alejadas de los centros de población urbana. La tercera forma es la operación de mercados locales. Se les puede identificar de esta manera porque se encuentran en la localidad mas grande, céntrica y relativamente cerca para los productores, la ciudad de Comitán, y porque son operados por productores. Se trata de dos mercados, uno que maneja el “sistema” de Canasteras, de donde obtiene su nombre (Canasteras y Pequeños Productores Independientes Zapatistas), y el otro la Unión de Productores Independientes de la Región Fronteriza, en donde la membresía como socios les permite a los más de mil productores acudir al mercado, instalarse y vender directamente sus productos al consumidor de la región y otros compradores mayoristas, cubriendo una cuota de bajo costo. Estas acciones han permitido, como indican los nombres de los dos últimos grupos mencionados, una cierta “independencia” respecto a las agencias del Estado y otros actores como los comerciantes. Igualmente, les conducen a la posibilidad de conservación de sus recursos y conocimientos locales, además de contribuir en condiciones de acceso a alimentos. Con todo y estos alcances, cabe mencionar que los retos son enormes, en términos de sustentabilidad económica y ambiental, así como en cuanto a las posibilidades de seguridad alimentaria en la región. En el sentido económico, como afirma Lazos (2013) la valiosa tarea de conservación de semillas implica una gran inversión de trabajo, tiempo y recursos que no es pagada por el mercado o por algún programa del Estado. Las labores de siembra, mantenimiento de la parcela, cosecha, selección de semilla, y conservación apropiada, para su utilización en la siguiente temporada, conllevan la participación de varios integrantes de la familia. En ese sentido, este trabajo no está siendo compensado por la sociedad. Además las opciones de ocupación e ingreso en general se encuentran muy limitadas en la región. En segundo lugar, a pesar de las prácticas de diversificación productiva y manejo agroecológico que ya están operando en la región, es abrumadora la utilización de agroquímicos en las labores de cultivo del maíz, aunque su cantidad varía en los diferentes contextos. Los impactos ambientales ya están a la vista de los agricultores y agentes oficiales. Finalmente, con todo y los esfuerzos por establecer una base mínima de disponibilidad de alimentos a través de huertos y parcelas diversificadas, las familias tienen que recurrir a la compra de varios productos incluyendo granos básicos y abarrotes, entre otros. 315