Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | Page 336
HÉCTOR B. FLETES OCÓN
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MARÍA GUADALUPE OCAMPO GUZMÁN
Alcances y retos de los movimientos alimentarios alternativos desde las acciones y perspectivas
modificada, introduciendo nuevos términos de producción y comercio en
ocasiones de alcance global.
Es importante entender que aunque la cuestión de los alimentos viene
adquiriendo prioridad en los movimientos campesinos, en México las demandas
desde los productores no se enfocan exclusivamente en equidad, sustentabilidad
o justicia directamente en relación con los alimentos, sino exigen una atención
general a la problemática del campo, como el desarrollo rural, los precios
de los productos, y programas de financiamiento e infraestructura. Además,
de manera similar a otras experiencias, en el país algunas contiendas se
vienen proponiendo desde grupos urbanos. Después de un par de décadas
de transformaciones políticas y económicas, la relación entre el Estado y las
organizaciones de productores se han visto modificadas desde los años noventa
del siglo pasado. De antaño, “los hijos predilectos del régimen” (Warman,
1981), en esta década vieron trastocadas las condiciones que les permitían el
desarrollo de la agricultura y un cierto nivel de ingresos, pues las “nuevas reglas”
les exigían enfrentarse de manera individual al mercado. Mientras en la década
de los ochenta y noventa proponían la apropiación del proceso productivo,
recientemente se han agregado otros conceptos. Organizaciones campesinas
agrupadas en el movimiento El Campo no Aguanta Mas 3 ), articularon en los
años 2002 y 2003 “Seis propuestas para la salvación y revaloración del campo
mexicano” y firmaron con el Estado el “Acuerdo Nacional para el Campo” en
abril de 2003. Después en el año 2007, se constituyó el movimiento “Sin Maíz
No hay País”, 4 con la participación de 300 organizaciones de diferente tipo.
Estas acciones se enfocaron en recuperar algunos mecanismos proteccionistas
empleados en el pasado (considerando las profundas asimetrías con respecto
a otros países y al interior del país), implicando la necesidad de renegociar
el TLCAN.
Más allá del problema de la seguridad alimentaria, estas organizaciones
están proponiendo la soberanía alimentaria y el acceso a alimentos como un
derecho humano, el cual fue considerado por el Estado en el año 2011, al
considerar en la Constitución Política la obligación de que el Estado garantice
el derecho a alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, y se ha tratado
de valorizar la pequeña agricultura que podría orientarse a la agroecología
(Tetreault 2012:130, 131; cf. Rodríguez 2013).
Liderado por la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras, la Asociación Nacional
de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA), y El Barzón, que había
aglutinado productores afectados por la devaluación de 1994.
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La Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo
Mexicano Sin Maíz no hay País.
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