Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | Página 335
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HÉCTOR B. FLETES OCÓN
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MARÍA GUADALUPE OCAMPO GUZMÁN
Alcances y retos de los movimientos alimentarios alternativos desde las acciones y perspectivas
El movimiento por la Soberanía Alimentaria emergió en 1996 de un
grupo de trabajo de la Vía Campesina, con la finalidad de oponerse al modelo
neoliberal de monocultivos y agronegocios, y para reclamar alternativas que
respondan a la crisis agraria y las necesidades de pequeños productores de
alimentos. La campaña unió diferentes individuos, localidades y grupos que
disputan la falta de control democrático sobre sus sistemas alimentarios (Andrée,
et al., 2014: 25). En contraposición a la corriente dominante productivista, para
grupos como la Vía Campesina, lo que se necesita es no solo una revolución en
los mecanismos del sistema alimentario global sino también una transformación
de sus bases políticas y éticas (Rieff, 2016).
En ese sentido, en la actualidad a pesar de los cambios estructurales del
neoliberalismo y de la agresividad de las políticas agrarias nacionales, los
campesinos persisten con su racionalidad y prácticas específicas. Para ello
se basan en el valor del conjunto de conocimientos y prácticas ecológicas y
agrícolas y la gran heterogeneidad de arreglos sociales –incluyendo el acceso
mismo a las tierras, la organización productiva y comercial-, sus alianzas y
redes de intercambio (Lazos, 2013:393).
La agricultura sustentable y el enfoque científico alternativo de agroecología
se presentan ahora como principios básicos para la construcción de un mundo
rural más justo, en el cual adquiere centralidad un nuevo campesinado con
potencial para cultivar de manera sostenible (Morales, 2011).
3. Alcances y retos de los movimientos alternativos
Planteados en ocasiones como resistencia a intervenciones o transformaciones
realizadas por agentes del Estado o el capital, en otras como demandas por
ciertos derechos o políticas de fomento, o como estrategias de producción
individuales o colectivas, los movimientos sociales realizados por campesinos
y pequeños productores en México se han visto debilitados en las dos últimas
décadas, debido en parte a la propia reestructuración política y económica.
Política, porque el Estado desmanteló algunas de las instituciones y funciones
que desempeñaban organizaciones nacionales de productores en el ámbito de la
producción, transformación y distribución. Esto les quitó fuerza de organización
y representación frente al Estado. Económica, porque conforme progresan
ciertas dinámicas de la globalización (promovidas por el neoliberalismo), como
la penetración de nuevos actores privados algunos de ellos transnacionales,
la regulación de las diferentes fases de las cadenas agroalimentarios fue