Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | Page 313
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SILVIA IVETH MORENO GAYTÁN
Expresión de Nuevas Ruralidades: La práctica de la Agricultura Urbana en Valle de Chalco
Los problemas que enfrentan los habitantes en la esfera urbana los obligan
a pensar otro modelo para el medio en que se desarrollan, capaz de garantizar
mejores condiciones de vida saludable y en armonía con la naturaleza. Se trata
de una condición compleja para ciudades como la Ciudad de México junto a su
Zona Metropolitana. Ello no significa que las acciones llevadas a cabo –pese
a que son a pequeña escala- no representen una trasformación de cómo se
piensa lo urbano y la relación con la naturaleza, desde un punto de vista de la
cuestión ambiental (Martínez, 2009:105). Ésta no es una cuestión de moda,
sino un aspecto central en el debate de la sustentabilidad para las ciudades.
En este sentido, es indispensable la discusión de la Agricultura Urbana y de la
agricultura a pequeña escala como línea productiva de alimentos y de servicios
ambientales para los territorios urbanos que integran las propuestas de la
sociedad civil. El debate tiene que incluir un replanteamiento al modelo seguido
como única línea de lo urbano, el cual carece de vínculo con la naturaleza,
sin acercamiento a las actividades agropecuarias y a las relacionadas con los
modos de vida rurales.
La expansión de la ciudad en la década de 1970, sin duda, despierta
debates aún no resueltos como es la cuestión ambiental y la alimentación. En
las esferas alcanzadas para su discusión están las políticas, académicas y de la
sociedad civil. Dicho crecimiento urbano propicia una pérdida sustancial en
los terrenos y ejidos cercanos a la ciudad destinados a la producción agrícola
y pecuaria. En varias zonas periféricas de la ciudad las actividades del sector
primario conviven con los modos de vida urbanos, generando nuevas prácticas
agrícolas en la Zona Metropolitana de la Ciudad.
El crecimiento desmedido de lo urbano que padece la Zona Metropolitana
de la Ciudad de México trae consigo una hibridación en el territorio, es
decir, una mezcla entre los emigrados del interior de la República Mexicana
con núcleos agrarios que ya ocupaban las zonas hacia donde se expande la
ciudad (Iracheta, 2006:9). Ese proceso migratorio trae consigo la ruralización
de los escenarios urbanos. La migración inicia por diversas circunstancias
(económicas, culturales o de violencia), mujeres y hombres provenientes
del campo llegan a incorporarse al entorno citadino porque en la “capital”
y las zonas urbanas ya constituidas no pueden acceder al costo del suelo,
por lo que la periferia es la opción más viable para estar cerca de la ciudad.
Dicha población encuentra en la capital mayores oportunidades de empleo
y económicas; así como posibilidades para profesionalizarse y oportunidad
para que sus hijos estudien.