Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 358

que m e em bargaba en ese momento. En la term inal, repasé una revista y toqué la rodilla de Travis con de- licadeza. Detuvo el m ovim iento de la pierna y sonreí, sin levantar la m irada de las fotos de los fam osos. Algo le preocupaba, pero esperaba que m e lo dij era, sabiendo que lo estaba resolviendo internam ente. Después de unos m inutos, volvió a balancear la rodilla, pero en esta ocasión dej ó de hacerlo solo, y entonces, lentam ente, se dej ó caer en lasilla. —¿Palom a? —¿Sí? Pasaron unos m inutos de silencio y, entonces, suspiró. —Nada. El tiem po pasó m uy rápido y parecía que acabábam os de sentarnos cuando anunciaron que los pasaj eros de nuestro vuelo podían em barcar. Se form ó rápidam ente una cola, nos levantam os y esperam os a que llegara nuestro turno de enseñar los billetes y cruzar el largo pasillo has- ta el avión que nos llevaría a casa. Travis dudó. —Es que no puedo librarm e de una sensación —dij o en voz baj a. —¿Qué quieres decir? ¿Tienes una m ala sensación? —pregunté, repentinam entenerviosa. Se volvió hacia mí con mirada de preocupación. —Es de locos, pero tengo la sensación de que, cuando lleguemos a casa, me despertaré. Como si nada de esto fuera real. Lo abracé por la cintura y le acaricié los músculos de la espalda. —¿Eso es lo que te preocupa? Se miró la muñeca y luego la gruesa alianza que llevaba en el dedo izquierdo. —No puedo evitar tener la impresión de que la burbuj a va a estallar y de que me despertaré tumbado solo en la cama, deseando que estés allí conmigo. —¡Pero qué voy a hacer contigo, Trav! He dejado a alguien por ti dos veces, he decidido ir a Las Vegas contigo dos veces, literalmente he estado en el infierno y he vuelto, me he casado contigo y me he tatuado tu nombre. Se me acaban las ideas para demostrarte que soy tuya por completo Una sonrisa se dibujó en sus labios.