Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 354

—No es ninguna locura. Nos querem os y hem os estado viviendo j untos a tem poradas todo el año. Así que ¿por quéno? —¡Porque tienes diecinueve años, idiota! ¡Porque te escapaste de casa y no se lo dij iste a nadie, y porque no estoy allí! —gritóella. —Lo siento, Mare. Tengo que dej arte. Nos vem os m añana, ¿vale? —¡No sé si quiero verte m añana! ¡No sé si quiero volver a ver a Travis! — dij odesdeñosa. —Nos vem os m añana, Mare. Sabes que quieres ver m i anillo. —Y tu tatuaj e —dij o. En su voz se notaba que estaba sonriendo. Cerré el teléfono y se lo di a Travis. El zum bido volvió a em pezar y m e concentré en la sensación ardiente, a la que siguió el dulce segun- do de alivio m ientras m e secaba el exceso de tinta. Travis se guardó m i teléfono en el bolsillo, m e cogió la m ano con las dos suy as y se agachó para apoy ar su frente en la mía. —¿Alucinaste tanto cuando te hiciste los tatuaj es? —le pregunté, sonriendo por la expresión de dolor de sucara. Se revolvió inquieto; parecía sentir m i dolor m il veces m ás que y o. —Eh…, no. Esto es diferente. Es m ucho, m ucho peor. —¡Listo! —dij o Griffin con tanto alivio en su voz com o transm itía la cara de Travis. Dej é caer la cabeza hacia atrás sobre la silla. —¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios! —suspiró Travis, dándom e palm aditas en la mano. Baj é la m irada hacia las preciosas líneas tatuadas sobre la piel roj a e irritada: Señora Maddox —Guau —dij e, levantándom e sobre los codos para verlo m ej or. El ceño fruncido de Travis se convirtió inm ediatam ente en una son- risa triunfal. —Es precioso. Griffin sacudió la cabeza. —Si m e dieran un dólar por cada hom bre tatuado y recién casado que ha traído a su m uj er aquí y se lo ha tom ado peor que ella…, bueno, no tendría que volver a tatuar a nadie nuncam ás.