Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 348

era algo. —Acabas de pedirm e que m e case contigo —dij o él, todavía espe- rando que adm itiera que era alguna especie de ardid. —Lo sé. —Eso ha sido de verdad, ¿sabes? Acabo de reservar dos billetes a Las Vegas para m añana al m ediodía, lo que significa que nos casam os m añana por la noche. —Gracias. Entrecerró los oj os. —Serás la señora Maddox cuando em pieces las clases el lunes. —Oh —dij e, m irando a m i alrededor. Travis enarcó una cej a. —¿Te lo has pensado m ej or? —Voy a tener que cam biar algunos papeles im portantes la sem ana que viene. Asintió lentam ente, cautelosam ente esperanzado. —¿Te vas a casar conm igo m añana? —Aj á. —¿Lo dices en serio? —Sí. —¡Joder! ¡Cóm o te quiero! —Me cogió am bos lados de la cara y m e plantó un beso en los labios—. Te quiero m uchísim o, Palom a —decía, m ientras m e besaba una y otravez. —Espero que te acuerdes de eso dentro de cincuenta años, cuando siga pegándote palizas al póquer. —Me reí. Sonrió triunfal. —Si eso significa pasar sesenta o setenta años contigo, cariño…, tie- nes m i permisoparaempleartusmejorestrucos. Enarqué una cej a. —Lam entarás haber dicho eso. —Apuesto a que no. Sonreí con tanta m alicia com o pude. —¿Te apostarías la reluciente m oto de ahí fuera? Afirm ó con la cabeza; la sonrisa burlona desapareció de su cara y adoptó una expresión de total seriedad. —Apostaría todo lo que tengo. No lam ento ni un segundo pasado contigo, Palom a, y nunca lo haré. Le tendí la m ano, él m e la estrechó sin titubear y se la llevó a la boca, dándom e un tierno beso en los nudillos. La habitación estaba en