Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 347

diferente. En esta ocasión era absoluta, perm anente. La esperanza cautelosa había desaparecido de sus oj os, y una confianza incondicional había ocupado sulugar. La reconocí solo porque sus oj os reflej aban lo que y o sentía. —Oy e… Estaba pensando en Las Vegas —em pecé a decir. Él frun- ció el ceño, sin saber adónde quería llegar. —¿Sí? —¿Qué te parecería volver? Levantó las cej as. —No creo que sea lo que m ás m e convenga. —¿Y si solo vam os una noche? Miró la habitación a oscuras que nos rodeaba. —¿Una noche? —Cásate conm igo —dij e sin vacilación. Me sorprendió lo rápida y fácilm ente que había pronunciado esas palabras. Sonrió de orej a a orej a. —¿Cuándo? Me encogí de hom bros. —Podem os com prar billetes para un vuelo m añana. Estam os de vacaciones. No tengo nada que hacer m añana, ¿y tú? —Veo tu farol —dij o él, y endo a coger su teléfono. —Am erican Airlines —dij o él, observando atentam ente m i reacción m ientras hablaba—. Quiero dos billetes para Las Vegas, por favor. Mañana. Hum … —Me m iró, com o si esperara que cam biara de opinión—. Dos días, ida y vuelta. Lo que tengadisponible. Apoy é la barbilla en su pecho, esperando a que com prara los billetes. Cuanto m ás tiem po lo dej aba hablar por teléfono, m ás grande se hacía su sonrisa. —Sí…, eh…, un m om ento, por favor —dij o, al tiem po que señala- ba su cartera—. ¿Puedes traerm e la cartera, Palom a? De nuevo, esperó a que reaccionara. Risueña, m e agaché, cogí la tarj eta de crédito de su cartera y se la entregué. Travis dictó los núm eros a la persona que lo atendía, m irándom e después de cada grupo. Cuando dio la fecha de caducidad y vio que no protestaba, apretó loslabios. —Eh…, sí, señora. Los recogerem os en el m ostrador. Gracias. Me entregó su teléfono y lo dej é en la m esilla, esperando a que dij