Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 349
silencio: sus labios al alej arse de m i piel y el aire que escapó de sus
pulm ones eran los únicos sonidos queoí.
—Abby Maddox… —dij o él, m ientras la luz de la luna ilum inaba
su sonrisa. Apreté la m ej illa contra su pecho desnudo.
—Travis y Abby Maddox. Suena bien.
—El anillo… —em pezó él, frunciendo el ceño.
—Ya nos ocuparem os de los anillos después. Te he pillado totalm
ente por sorpresa.
—Eh… —Se apartó y m e observó esperando una reacción.
—¿Qué? —pregunté, poniéndom e en tensión.
—Vale, no alucines —dij o él m oviéndose nervioso. Me cogió con
m ás fuerza
—. De hecho…, en cierto m odo y a m e he ocupado de esa parte.
—¿Qué parte? —dij e levantando la cabeza para verle la cara. Miró
al techo y suspiró.
—Vas a alucinar.
—Travis…
Fruncí el ceño cuando alargó un brazo y abrió el caj ón de su m esita
de noche. Palpó los obj etos en su interior durante un m om ento. Me
aparté los m echones del flequillo con un soplido.
—¿Qué? ¿Has com prado condones? Soltó una carcaj ada.
—No, Palom a.
Juntó las cej as m ientras hacía un esfuerzo para llegar m ás al fondo
del caj ón. Cuando encontró lo que estaba buscando, centró su atención
en m í y m e observó m ientras sacaba una caj ita de su escondite. Baj é
la m irada cuando puso una caj ita cuadrada de terciopelo en su pecho,
m ientras se estiraba hacia atrás para apoy ar la cabeza en subrazo.
—¿Qué es esto? —pregunté.
—¿A ti qué te parece?
—Vale. Déj am e que replantee la pregunta.
—¿Cuándo has com prado esto?
Travis suspiró hondo y, m ientras lo hacía, la caj a se elevó con su
pecho y cayócuandosoltóelairedesuspulmones.
—Hace un tiem po.
—Trav…
—Es que lo vi un día por casualidad, y sabía que solo podía estar en