—Tengo que verte. Tengo que abrazarte para saber que estás bien —
dijo llorando.
—Estam os bien. Puedes abrazarm e el viernes. Volvió a llorar.
—Te quiero.
—Yo tam bién a ti. Pasadlo bien.
Travis m e m iró y apretó con fuerza el teléfono contra su orej a.
—Será m ej or que abraces a tu chica, Shep. Parece disgustada. Lo
sé, tío…, yotambién.Nosvemospronto.
Colgué segundos antes de que lo hiciera Travis, y nos sentam os en
silencio durante un m om ento, asim ilando todavía lo que había pasado.
Tras unos instantes, Travis volvió a apoy arse en su alm ohada y, después,
m e atraj o hacia su pecho.
—¿Está bien Am erica? —preguntó, con la m irada clavada en el
techo.
—Está disgustada, pero se le pasará.
—Me alegro de que no estuvieran allí.
Apreté los dientes. Ni siquiera se m e había ocurrido pensar en qué
habría ocurrido si no hubieran estado pasando unos días con los padres
de Shepley. A mi m ente volvieron las caras de terror de las chicas del
sótano, luchando contra los hom bres por escapar. Los oj os asustados
de Am erica sustituy eron a las chicas sin nom bre de aquella habitación.
Sentí náuseas al pensar en su precioso pelo rubio quem ado y j unto al
resto de cuerpos que y acían en el césped.
—Yo tam bién —dij e con un escalofrío.
—Siento todo lo que has tenido que pasar esta noche. No debería
crearte m ás problem as.
—Tú has pasado por lo m ism o, Trav.
Se quedó callado unos m inutos y, j usto cuando abrí la boca para
volver a hablar, respiró hondo.
—No m e asusto m uy a m enudo —dij o finalm ente—. Me asusté la
prim era m añana que desperté y no estabas aquí. Me asusté cuando m e
dej aste después de Las Vegas. Me asusté cuando creía que tendría que
decirle a m i padre que Trent había m uerto en ese edificio. Sin em bargo,
cuando te vi al otro lado de las llam as en ese sótano…, m e aterroricé.
Llegué hasta la puerta, estaba a pocos m etros de la salida y no pude
irme.