consciente.
—Ha m uerto m ucha gente.
—Lo sé.
—Hasta m añana no sabrem os exactam ente cuántas víctim as ha
habido.
—Trent y y o pasam os j unto a un grupo de chicos m ientras buscábam
os la salida. Me pregunto si consiguieron salir. Parecían tan asustados…
Noté que se m e llenaban los oj os de lágrim as, pero, antes de que lle-
garan a mis m ej illas, Travis me rodeó con sus fuertes brazos. Inm edia-
tam ente me sentí protegida y m e pegué a su piel. Sentirm e tan a gusto
en sus brazos antes me aterraba, pero, en ese m om ento, daba gracias por
poder estar a salvo después de experimentar algo tan horrible.Solo había
una razón por la que pudiera sentirme así con alguien. Era suya.
Entonces lo supe. Sin duda alguna en m i m ente, sin que m e im
portara lo que los dem ás pudieran pensar, y sin m iedo a errores o con-
secuencias, sonreí por las palabras que iba a decir.
—¿Travis? —dij e contra su pecho.
—¿Qué pasa, cariño? —m e susurró con la boca en m i pelo.
Nuestros teléfonos sonaron al unísono, y y o le entregué el suy o a él,
m ientras respondía al m ío.
—¿Hola? ¿Abby ? —chilló Am erica.
—Estoy bien, Mare. Todos lo estam os.
—¡Acabam os de enterarnos! ¡Sale en todas las noticias!
Oí que, a m i lado, Travis se lo estaba explicando todo a Shepley, e
intenté tranquilizar a Am erica lo m ej or que pude. Mientras respondía a
sus num erosas preguntas, procuraba m antener la voz tranquila al repa-
sar los m om entos m ás terribles de m i vida; no obstante, m e relaj é el
m ism o segundo en que Travis cubrió m i m ano con la suy a.
Me pareció que estaba contando la historia de otra persona,
sentada cóm odam ente en el apartam ento de Travis, a un m illón de ki-
lóm etros de la pesadilla que podría habernos m atado. Am erica se echó
a llorar cuando acabé, al darse cuenta de lo cerca que habíam os estado
de perder lavida.
—Voy a em pezar a hacer el equipaj e ahora m ism o. Estarem os allí a
prim era hora de la m añana —dij o Am erica, sorbiéndose las lágrim as.
—Mare, no hace falta que os m archéis antes. Estam os bien.