Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 343

paseé por el edificio en busca de otra ventana hasta que m e tropecé con unos policías y m e obligaron a irm e. ¡He estado acoj onado todo este tiem po! —dij o él, m ientras se pasaba la m ano por su pelocorto. Travis m e secó las m ej illas con los pulgares y se levantó la cam iseta para lim piarse el hollín de lacara. —Larguém onos de aquí. Todo este sitio se llenará enseguida de po- licías. Después de abrazar a su herm ano una vez m ás, fuim os hasta el Honda de Am erica. Travis m e vio abrocharm e el cinturón de seguridad y, cuando tosí, frunció el ceño. —Tal vez debería llevarte al hospital para que te vean. —Estoy bien —dij e entrelazando m is dedos con los suy os. Baj é la m irada y vi que tenía un profundo corte en los nudillos. —¿Eso te lo has hecho en la pelea o con la ventana? —Con la ventana —respondió él, m irando con gesto de preocupa- ción m is uñas llenas desangre. —Me has salvado la vida, ¿sabes? Juntó las cej as. —No podía irm e sin ti. —Sabía que vendrías —dij e, apretando sus dedos entre los m íos. Fuim os cogidos de la m ano hasta que llegam os al apartam ento. No habría sabido decir de quién era la sangre cuando m e lim pié las m anchas roj as y la ceniza en la ducha. Cuando m e derrum bé sobre la cam a de Travis, aún podía oler el hedor a hum o y piel quemada. —Toma—medijo, entregándome un vaso lleno de líquido ámbar—. Te ay udará a relajarte. —No estoy cansada. Volvió a ofrecerm e el vaso. Tenía los oj os cansados, iny ectados en sangre y apenas podía m antenerlos abiertos. —Intenta descansar un poco, Palom a. —Casi tengo m iedo de cerrar los oj os —dij e, antes de coger el vaso y tragar el líquido. Le devolví el vaso a Travis; lo dej ó en la m esita de noche y se sentó a m i lado. Perm anecim os en silencio, dej ando pasar las horas. Cerré los oj os con fuerza cuando los recuerdos de los gritos aterrorizados de quienes estaban atrapados en el sótano llenaron m i cabeza. No tenía ni idea de cuánto tardaría en olvidarlo o de si podría hacerlo algúndía. La cálida m ano de Travis sobre m i rodilla m e sacó de m i pesadilla