Intenté que viniera conm igo, ¡pero noquiso!
Travis m iró al fuego que se acercaba y levantó las cej as. Respiré y
tosí cuando se m e llenaron los pulm ones de hum o. Se volvió a m irarm
e con los oj os llenos de lágrimas.
—¡Vam os a salir de aquí, Palom a! —Apretó los labios contra los m
íos en un m ovim iento rápido y firm e, y después se subió a m i escalera
im provisada.
Em puj ó la ventana y giró el cierre. Cuando usó toda su fuerza contra
el cristal le tem blaron los m úsculos de los brazos.
—¡Apártate, Abby ! ¡Voy a rom per el cristal!
Dem asiado asustada para m overm e, solo conseguí apartarm e un
paso de nuestra única salida. Travis dobló el codo, echó el puño hacia
atrás y, dando un grito, lo clavó con fuerza en la ventana. Me di la vuelta
y m e protegí la cara con las m anos ensangrentadas, cuando el cristal se
hizo añicos sobre mí.
—¡Vam os! —gritó él, tendiéndom e la m ano.
El calor del fuego inundó la habitación; en ese m om ento, Travis m e
levantó del suelo, elevándom e en el aire, y tiró de m í hacia fuera.
Esperé de rodillas a que Travis trepara y saliera; después lo ay udé a
que se pusiera de pie. Las sirenas atronaban desde el otro lado del edifi-
cio; luces roj as y azules de los cam iones de bom beros y de los coches
de policía bailaban sobre las paredes de ladrillo de los edificios aledaños.
Corrim os hacia el grupo de gente que estaba de pie delante del edifi-
cio y repasam os las caras sucias en busca de Trent. Travis gritó el nom
bre de su herm ano; cada vez que lo llam aba, su voz se volvía m ás
y m ás desesperada. Cogió su teléfono, com probó si tenía alguna llam
ada perdida y, después, lo cerró de golpe, tapándose la boca con su m
anoennegrecida.
—¡Trent! —gritó Travis, alargando el cuello para buscar entre la m
ultitud.
Quienes habían escapado se abrazaban y lloraban detrás de los vehí-
culos de los servicios de em ergencia, m ientras observaban horrorizados
cóm o el cam ión autobom ba lanzaba agua por las ventanas y los bom
beros corrían al interior, arrastrandomanguerastrasellos.
Travis se pasó la m ano por la visera de su gorra, m ientras sacudía
la cabeza.