de m adera hasta el espacio que había detrás de la ventana. Lo pegué a la
pared y m e subí, m ientras tosía por el hum o que lentam ente se colaba
en la habitación. La ventana seguíaestandounosmetrosporencimademí.
Con un gruñido, intenté em puj arla, m oviendo adelante y atrás el cie-
rre con cada em puj ón. Sin em bargo, no había m anera de que cediera.
—¡Vam os, m aldita sea! —grité, apoy ándom e en los brazos.
Me eché hacia atrás e intenté usar el peso de m i cuerpo para hacer m
ás fuerza, pero tam poco así conseguí abrirla. Al ver que nada de eso fun-
cionaba, deslicé las uñas por debaj o de los bordes, tirando hasta que creí
que m e había arrancado las uñas. Por el rabillo del oj o, vi una luz que
resplandecía, y grité cuando el fuego em pezó a devorar las sábanas blan-
cas que flanqueaban el pasillo por el que había llegado m inutosantes.
Miré a la ventana y de nuevo clavé las uñas en los bordes. Los
bordes m etálicos se m e clavaron en la carne y em pezaron a sangrarm
e las y em as de los dedos. El instinto se im puso sobre cualquier otro
sentido y golpeé el cristal con los puños. Conseguí abrir una grieta en el
vidrio, pero con cada golpe tam bién m e hería ysangraba.
Golpeé el cristal una vez m ás con el puño y, después, m e quité el zapa-
to y lo lancé con todas m is fuerzas. A lo lej os, sonaban sirenas y sollocé,
golpeando las palm as contra la ventana. El resto de m i vida estaba solo
a unos centím etros de distancia, al otro lado del cristal. Arañé los bordes
una vez m ás y después m e puseagolpearelcristalconambasmanos.
—¡Que alguien m e ay ude! —grité, al ver que las llam as se
acercaban—.
¡Que alguien m e ay ude!
Oí una débil tos detrás de m í.
—¿Palom a?
Me volví al oír esa voz fam iliar. Travis apareció por una puerta que
había detrás de m í; tenía la cara y la ropa cubiertas dehollín.
—¡Travis! —grité.
Me baj é del pupitre y corrí hasta donde él estaba, exhausta y sucia.
Me choqué con él, y m e envolvió con sus brazos, m ientras tosía al
intentar respirar.
Me cogió las m ej illas con las m anos.
—¿Dónde está Trent? —dij o él con voz áspera y débil.
—¡Se ha ido con ellos! —gem í, m ientras lloraba a lágrim a viva—.