Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 338

de m adera hasta el espacio que había detrás de la ventana. Lo pegué a la pared y m e subí, m ientras tosía por el hum o que lentam ente se colaba en la habitación. La ventana seguíaestandounosmetrosporencimademí. Con un gruñido, intenté em puj arla, m oviendo adelante y atrás el cie- rre con cada em puj ón. Sin em bargo, no había m anera de que cediera. —¡Vam os, m aldita sea! —grité, apoy ándom e en los brazos. Me eché hacia atrás e intenté usar el peso de m i cuerpo para hacer m ás fuerza, pero tam poco así conseguí abrirla. Al ver que nada de eso fun- cionaba, deslicé las uñas por debaj o de los bordes, tirando hasta que creí que m e había arrancado las uñas. Por el rabillo del oj o, vi una luz que resplandecía, y grité cuando el fuego em pezó a devorar las sábanas blan- cas que flanqueaban el pasillo por el que había llegado m inutosantes. Miré a la ventana y de nuevo clavé las uñas en los bordes. Los bordes m etálicos se m e clavaron en la carne y em pezaron a sangrarm e las y em as de los dedos. El instinto se im puso sobre cualquier otro sentido y golpeé el cristal con los puños. Conseguí abrir una grieta en el vidrio, pero con cada golpe tam bién m e hería ysangraba. Golpeé el cristal una vez m ás con el puño y, después, m e quité el zapa- to y lo lancé con todas m is fuerzas. A lo lej os, sonaban sirenas y sollocé, golpeando las palm as contra la ventana. El resto de m i vida estaba solo a unos centím etros de distancia, al otro lado del cristal. Arañé los bordes una vez m ás y después m e puseagolpearelcristalconambasmanos. —¡Que alguien m e ay ude! —grité, al ver que las llam as se acercaban—. ¡Que alguien m e ay ude! Oí una débil tos detrás de m í. —¿Palom a? Me volví al oír esa voz fam iliar. Travis apareció por una puerta que había detrás de m í; tenía la cara y la ropa cubiertas dehollín. —¡Travis! —grité. Me baj é del pupitre y corrí hasta donde él estaba, exhausta y sucia. Me choqué con él, y m e envolvió con sus brazos, m ientras tosía al intentar respirar. Me cogió las m ej illas con las m anos. —¿Dónde está Trent? —dij o él con voz áspera y débil. —¡Se ha ido con ellos! —gem í, m ientras lloraba a lágrim a viva—.