Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 337

dirección contraria. —¡Abby ! ¡Abby ! —gritó Trent. Seguí corriendo, con las m anos delante de m í, para anticipar la pre- sencia de una pared. —¡Vam os! ¡Con ella vas a acabar m uerto! —dij o una chica. Me golpeé el hom bro en una esquina y giré sobre m í m ism a, cay éndom e al suelo. Gateé por el suelo, m anteniendo levantada la m ano delante de m í. Cuando toqué con los dedos una piedra lisa, la seguí hacia arriba y m e levanté. El borde del um bral de una puerta se m aterializó baj o m i m ano y lo seguí para entrar en la siguientehabitación. La oscuridad no tenía fin, pero no m e dej é llevar por el pánico y se- guí andando cuidadosam ente en línea recta, alargando el brazo en busca de la siguiente pared. Pasaron varios m inutos, y sentí que el m iedo crecía en m i interior cuando los gritos que provenían de la parte de atrás resonaron en m is oídos. —Por favor —susurré en la oscuridad—, que la salida esté por aquí. Noté el borde de otra puerta y, cuando m e abrí paso, un ray o de luz plateada brilló delante de m í. La luz de la luna se filtraba por el cristal de la ventana, y un sollozo se m e escapó de la garganta. —¡T… Trent! ¡Es aquí! —grité detrás de m í—. ¡Trent! Agucé la vista y conseguí vislum brar un pequeño m ovim iento en la distancia. —¿Trent? —grité, m ientras el corazón m e latía salvaj e contra el pecho. Al cabo de un m om ento, unas som bras bailaron en las paredes; abrí los oj os com o platos cuando m e di cuenta de que lo que creía que eran personas, en realidad, era la luz titilante de las llam as que se acercaban. —¡Oh, Dios m ío! —dij e alzando la vista a la ventana. Travis la había cerrado después de entrar y estaba dem asiado alta para alcanzarla. Busqué a m i alrededor algo a lo que poder subirm e. La habitación estaba llena de m uebles de m adera cubiertos de sábanas blancas, las m ism as que alim entarían el fuego hasta que la habitación se convirtiera en uninfierno. Cogí un trozo de tela blanco que cubría un pupitre. Una nube de polvo m e rodeó cuando tiré la sábana al suelo, y em puj é el volum inoso m ueble