Su pregunta m e desconcentró e intenté no pensar en la respuesta.
—Sigue m oviéndote —dij e, sin poder respirar.
Trent se resistió un m om ento, pero cuando volví a tirar de él, una luz
parpadeó. Levantó un m echero y aguzó la vista en busca de la salida en
aquel pequeño espacio. Seguí la luz m ientras él la m ovía por la habita-
ción, y ahogué un gritocuandovimoselumbraldeunapuerta.
—¡Por aquí! —dij e, tirando de él de nuevo.
Cuando m e precipité a la siguiente habitación, choqué con un m uro
de personas, que m e tiró al suelo. Eran dos m uj eres y dos hom bres,
todos tenían la cara sucia y m e m iraron con los oj os abiertos de par en
par y asustados.
Uno de los chicos se agachó para ay udarm e a levantarm e.
—¡Aquí abaj o hay unas ventanas por las que podem os salir! —dij
o él.
—Venim os precisam ente de allí, y no hay nada —dij e sacudiendo
la cabeza.
—Debéis de haberlas pasado por alto, ¡sé que están por aquí! Trent
tiró de m i m ano.
—¡Vam os, Abby, saben dónde está la salida! Dij e que no con la
cabeza.
—Con Travis, vinim os por aquí.
Me agarró con m ás fuerza.
—Le dij e a Travis que no te perdería de vista. Vam os con ellos.
—Trent, hem os estado allí…, ¡no había ventanas!
—¡Venga, Jason! —gritó una chica.
—Nos vam os —dij o Jason, m irando a Trent, que m e tiró de la m
ano de nuevo y se alej ó.
—¡Trent, por favor! ¡Es por aquí, te lo prom eto!
—Voy con ellos —dij o él—. Por favor, ven conm igo.
Dij e que no con la cabeza, m ientras las lágrim as m e caían por las
m ej illas.
—¡He estado aquí antes! ¡Esa no es la salida!
—¡Tú te vienes conm igo! —gritó él, tirándom e del brazo.
—¡Trent, no! ¡Vas por el cam ino equivocado! —grité.
Él tiró de m í, haciéndom e arrastrar los pies por el cem ento, pero,
al notar que el olor a hum o se hacía m ás fuerte, m e solté y corrí en