horribles gritos de m iedo y desesperación m ientras todo el m undo lu-
chaba por alcanzar lassalidas.
Trent m e em puj ó hacia la salida, y y o m e volví a m irar atrás.
—¡Travis! —grité, tendiendo el brazo hacia él. Estaba tosiendo, des-
pej ando el hum o con la m ano.
—¡Por aquí, Trav! —le gritó Trent.
—¡Sácala de aquí, Trent! ¡Saca a Abby ! —dij o él, tosiendo. Trent m
e m iró, angustiado. Podía ver el m iedo en sus oj os.
—No sé por dónde se sale.
Me volví a m irar a Travis una vez m ás: su silueta oscilaba detrás de
las llam as que se habían extendido entre nosotros.
—¡Travis!
—¡Marchaos! ¡Nos vem os fuera!
El caos que nos rodeaba ahogó su voz, y m e agarré a la m anga de
Trent.
—¡Por aquí, Trent! —dij e, notando que las lágrim as y el hum o
m e quem aban los oj os. Había docenas de personas aterrorizadas entre
Travis y la únicasalida.
Tiré de la m ano de Trent, em puj ando a todos los que se encontraban
en m i cam ino. Llegam os al um bral de la puerta y m iram os hacia de-
lante y hacia atrás. Había dos oscuros pasillos tenuem ente ilum inados
por el fuego detrás de nosotros.
—¡Por aquí! —dij e, tirando de nuevo de su m ano.
—¿Estás segura? —preguntó Trent, con la voz cargada de duda y
miedo.
—¡Vam os! —dij e, tirando de nuevo de él.
Cuanto m ás nos alej ábam os, m ás oscuras estaban las habitaciones.
Después de unos m om entos, respiré con m ás tranquilidad conform e
dej ábam os atrás el hum o, pero los gritos no cesaban. Eran m ás altos y
frenéticos que antes. Los horrorosos sonidos que oía detrás de nosotros
alim entaron m i determ inación y m e hicieron m antener un paso rápi-
do y decidido. Después de girar por segunda vez, cam inam os a ciegas
por la oscuridad. Levanté la m ano delante de m í. Con m i m ano libre
m antenía el contacto con la pared y la seguía, m ientras que con la otra
agarraba aTrent.
—¿Crees que habrá conseguido salir? —preguntó Trent.