Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 334

apartó y lanzó el cuadrado roj o sobre el cuerpo inerte de John. La habitación estalló en vítores cuando Adam levantó la m ano de Travis. Trent m e abrazó por las piernas, celebrando la victoria de su herm ano. Travis m e m iró con una sonrisa am plia y sangrienta; el oj o derecho había em pezado a hinchársele. Mientras el dinero cam biaba de m anos y el público em pezaba a pasearse por la sala, preparándose para salir, m e fij é en una luz que par- padeaba salvaj em ente m ientras se balanceaba hacia delante y hacia atrás en una esquina de la sala, j usto detrás de Travis. Goteaba líquido de su base y em papaba la sábana que tenía debaj o. Me quedé sin aire. —¿Trent? Tras llam ar su atención, señalé hacia la esquina. En ese m om ento la luz se soltó de su enganche y se estrelló en la sábana que había debaj o, prendiéndose el fuego inm ediatam ente. —¡Joder! —gritó Trent, agarrándose a m is piernas. Unos cuantos hom bres que estaban alrededor del fuego retrocedie- ron, observando con asom bro cóm o las llam as alcanzaban la sábana de al lado. Un hum o negro em pezó a surgir de la esquina, y todas las personas de la habitación intentaron abrirse paso a em puj ones hacia las salidas. Mis oj os se cruzaron con los de Travis. Una m irada de terror abso- luto distorsionaba su cara. —¡Abby ! —gritó él, lanzándose a em puj ones contra el océano de personas que nos separaba. —¡Vam os! —gritó Trent, baj ándom e de la silla a su lado. La habi- tación se oscureció, y una explosión resonó al otro lado de la habitación. Las otras luces se estaban incendiando y se sum aban al fuego en peque- ñas explosiones. Trent m e cogió por el brazo y m e em puj ó detrás de él m ientras intentaba abrirse paso entre la m uchedumbre. —¡No podem os ir por ahí! ¡Tendrem os que volver por donde hem os venido! —grité, resistiéndom e. Trent m iró a su alrededor intentando elaborar un plan de escape en m edio de la confusión. Miré de nuevo a Travis y observé cóm o procuraba abrirse paso por la habitación. Al avanzar, la m uchedum bre em puj ó m ás lej os a Travis. Las em ocionadas ovaciones de antes eran ahora