apartó y lanzó el cuadrado roj o sobre el cuerpo inerte de John.
La habitación estalló en vítores cuando Adam levantó la m ano de
Travis. Trent m e abrazó por las piernas, celebrando la victoria de su
herm ano. Travis m e m iró con una sonrisa am plia y sangrienta; el oj o
derecho había em pezado a hinchársele.
Mientras el dinero cam biaba de m anos y el público em pezaba a
pasearse por la sala, preparándose para salir, m e fij é en una luz que par-
padeaba salvaj em ente m ientras se balanceaba hacia delante y hacia
atrás en una esquina de la sala, j usto detrás de Travis. Goteaba líquido
de su base y em papaba la sábana que tenía debaj o. Me quedé sin aire.
—¿Trent?
Tras llam ar su atención, señalé hacia la esquina. En ese m om ento la
luz se soltó de su enganche y se estrelló en la sábana que había debaj o,
prendiéndose el fuego inm ediatam ente.
—¡Joder! —gritó Trent, agarrándose a m is piernas.
Unos cuantos hom bres que estaban alrededor del fuego retrocedie-
ron, observando con asom bro cóm o las llam as alcanzaban la sábana
de al lado. Un hum o negro em pezó a surgir de la esquina, y todas las
personas de la habitación intentaron abrirse paso a em puj ones hacia las
salidas.
Mis oj os se cruzaron con los de Travis. Una m irada de terror abso-
luto distorsionaba su cara.
—¡Abby ! —gritó él, lanzándose a em puj ones contra el océano de
personas que nos separaba.
—¡Vam os! —gritó Trent, baj ándom e de la silla a su lado. La habi-
tación se oscureció, y una explosión resonó al otro lado de la habitación.
Las otras luces se estaban incendiando y se sum aban al fuego en peque-
ñas explosiones. Trent m e cogió por el brazo y m e em puj ó detrás de él
m ientras intentaba abrirse paso entre la m uchedumbre.
—¡No podem os ir por ahí! ¡Tendrem os que volver por donde hem
os venido!
—grité, resistiéndom e.
Trent m iró a su alrededor intentando elaborar un plan de escape en m
edio de la confusión. Miré de nuevo a Travis y observé cóm o procuraba
abrirse paso por la habitación. Al avanzar, la m uchedum bre em puj ó
m ás lej os a Travis. Las em ocionadas ovaciones de antes eran ahora