Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 333

puj aron desde atrás. El golpe m e lanzó la cabeza hacia atrás, pero m e agarré con m ás fuerza, negándom e a m overm e de la ubicación prom etida. Trent se volvió, cogió por las cam isas a los dos hom bres que esta- ban detrás de nosotros y los lanzó al suelo comosifueranmuñecosdetrapo. —¡Os largáis u os parto la puta boca! —gritó a los que estaban m irando a los hom bres del suelo. Me agarré con m ás fuerza a su brazo y él m e dio unas palm aditas en la m ano—. Te tengo, Abby. Tú concén- trate en ver lapelea. Travis lo estaba haciendo bien, y suspiré cuando fue el prim ero en hacer sangrar al otro. La m uchedum bre se enardeció, pero la adver- tencia de Trent m antuvo a los que estaban a nuestro alrededor a una distancia segura. Travis asestó un sólido puñetazo y, después, m e m iró, antes de volver a centrarse rápidam ente en John. Sus m ovim ientos eran ágiles, casi calculados, com o si predij era los ataques de John antes de que se produjeran. Presa de una im paciencia evidente, John envolvió a Travis con sus brazos y lo lanzó al suelo. Com o un solo cuerpo, la m uchedum bre que rodeaba el im provisado ring se estrechó alrededor de ellos, inclinándose hacia delante cuando la acción se desarrollaba en elsuelo. —¡No lo veo, Trent! —grité, saltando de puntillas. Trent m iró alrededor y encontró la silla de m adera de Adam . Con un m ovim iento que pareció un paso de baile, m e pasó de un brazo al otro y m e ay udó a subir sobre laturba. —¿Lo ves? —¡Sí! —dij e, cogiéndom e al brazo de Trent para guardar el equilibrio. —¡Está encim a, pero John le rodea el cuello con las piernas! Trent se inclinó hacia delante sobre los pies, poniéndose la m ano libre alrededor de laboca. —¡Patéale el culo, Travis! Baj é la m irada hacia Trent y m e incliné hacia delante para ver m ej or a los hom bres del suelo. De repente, Travis se puso de pie, m ientras John seguía suj etándolo por el cuello con las piernas. Travis cay ó de rodillas, golpeando la espalda y la cabeza de John contra el cem ento en un im pacto devastador. Las piernas de John se quedaron sin fuerza, de m anera que liberaron el cuello de Travis, que, a su vez, levantó el codo y aporreó a John una y otra vez con el puño hasta que Adam lo