Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 332

—¡… Así que den la bienvenida al contendiente de esta noche…, John Savage! —La protegeré con m i vida, herm anito —dij o Trent—. Ahora, ve a patearle el culo a ese tío y salgam os deaquí. —¡… Travis Perro Loco Maddox! —gritó Adam por el m egáfono. Cuando Travis se abrió paso entre la m ultitud, el ruido se volvió ensordecedor. Miré a Trent, que esbozaba una ligerísim a sonrisa. Para cualquier otra persona habría pasado desapercibido, pero y o distinguí el orgullo en su m irada. Cuando Travis llegó al centro del Círculo, tragué saliva. John no era m ucho m ás grande, pero parecía diferente a todos los rivales que Travis había tenido antes, incluido el hom bre contra quien había luchado en Las Vegas. No intentaba intim idar a Travis con una m irada severa com o los dem ás, sino que lo estaba estudiando, preparando m entalm ente la pelea. Por m uy analíticos que fueran sus oj os, tam bién se notaba en ellos una ausencia absoluta de cordura. Supe antes de que la lucha em pezara que Travis tenía m ás que una pelea entre m anos: estaba de pie delante de undem onio. Travis pareció notar la diferencia tam bién. Su habitual sonrisa bur- lona había desaparecido, y en su lugar se apreciaba una m irada intensa. Cuando el megáfono sonó, John atacó. —Cielo santo —dij e, agarrándom e al brazo de Trent. Trent se m ovía igual que Travis, com o si fueran uno solo. Con cada puñetazo que John lanzaba, m e ponía en tensión, y luchaba contra la ne- cesidad de cerrarlos oj os. No había ningún m ovim iento gratuito; John era astuto y preciso. Las dem ás peleas de Travis parecían descuidadas en com paración con esta. La fuerza bruta detrás de cada golpe era asom brosa por sí sola, y parecía que el conj unto hubiera sido coreografiado y practicado hasta laperfección. El aire de la habitación estaba viciado y estancado; cada vez que co- gía aire, m e tragaba el polvo que cubría las sábanas. Cuanto m ás duraba la pelea, m ás aguda era la sensación de que algo m alo iba a ocurrir. No podía librarm e de él, pero aun así m e obligué a quedarm e en el sitio para que Travis pudiera concentrarse. En determ inado m om ento, m e quedé hipnotizada por el espectáculo que tenía lugar en el centro del sótano; al siguiente, no obstante, m e em