—¡… Así que den la bienvenida al contendiente de esta noche…,
John Savage!
—La protegeré con m i vida, herm anito —dij o Trent—. Ahora, ve a
patearle el culo a ese tío y salgam os deaquí.
—¡… Travis Perro Loco Maddox! —gritó Adam por el m egáfono.
Cuando Travis se abrió paso entre la m ultitud, el ruido se volvió
ensordecedor. Miré a Trent, que esbozaba una ligerísim a sonrisa. Para
cualquier otra persona habría pasado desapercibido, pero y o distinguí el
orgullo en su m irada.
Cuando Travis llegó al centro del Círculo, tragué saliva. John no era
m ucho m ás grande, pero parecía diferente a todos los rivales que Travis
había tenido antes, incluido el hom bre contra quien había luchado en
Las Vegas. No intentaba intim idar a Travis con una m irada severa com
o los dem ás, sino que lo estaba estudiando, preparando m entalm ente
la pelea. Por m uy analíticos que fueran sus oj os, tam bién se notaba en
ellos una ausencia absoluta de cordura. Supe antes de que la lucha em
pezara que Travis tenía m ás que una pelea entre m anos: estaba de pie
delante de undem onio.
Travis pareció notar la diferencia tam bién. Su habitual sonrisa bur-
lona había desaparecido, y en su lugar se apreciaba una m irada
intensa. Cuando el megáfono sonó, John atacó.
—Cielo santo —dij e, agarrándom e al brazo de Trent.
Trent se m ovía igual que Travis, com o si fueran uno solo. Con cada
puñetazo que John lanzaba, m e ponía en tensión, y luchaba contra la ne-
cesidad de cerrarlos oj os. No había ningún m ovim iento gratuito; John
era astuto y preciso. Las dem ás peleas de Travis parecían descuidadas en
com paración con esta. La fuerza bruta detrás de cada golpe era asom
brosa por sí sola, y parecía que el conj unto hubiera sido coreografiado
y practicado hasta laperfección.
El aire de la habitación estaba viciado y estancado; cada vez que co-
gía aire, m e tragaba el polvo que cubría las sábanas. Cuanto m ás duraba
la pelea, m ás aguda era la sensación de que algo m alo iba a ocurrir. No
podía librarm e de él, pero aun así m e obligué a quedarm e en el sitio
para que Travis pudiera concentrarse.
En determ inado m om ento, m e quedé hipnotizada por el espectáculo
que tenía lugar en el centro del sótano; al siguiente, no obstante, m e em