Al hacerse m ás intensa la luz del pasillo, supe que estábam os cerca.
Y, cuando el rugido sordo de la m ultitud se convirtió en un intercam
bio febril de núm eros y nom bres, supe que habíam os llegado. En la
habitación donde Travis esperaba a que lo llam aran norm alm ente solo
había una luz y una silla, pero, debido a las obras, aquella estaba llena de
pupitres, sillas y diversos equipos cubiertos de sábanasblancas.
Travis y Trent discutían la estrategia para la pelea m ientras y o echa-
ba un vistazo fuera. Había tanto público y caos com o en la últim a pelea,
solo que el espacio era m enor. Alineados j unto a las paredes, podían
verse m uebles cubiertos de sábanas polvorientas que habían apartado a
un lado para hacer sitio a los espectadores.
La habitación estaba m ás oscura de lo norm al, así que supuse que
Adam quería andarse con cuidado y no llam ar la atención sobre nuestras
andanzas. Del techo colgaban unos faroles que creaban un resplandor
lúgubre sobre el dinero que los asistentes suj etaban en el aire; todavía
se aceptabanapuestas.
—Palom a, ¿m e has oído? —dij o Travis, tocándom e el brazo.
—¿Qué? —dij e, parpadeando—. Quiero que te quedes j unto a esta
puerta,
¿vale? No te sueltes del brazo de Trent en ningún m om ento.
—No me moveré. Lo prometo.
Travis sonrió, y su perfecto hoy uelo se form ó en su m ej illa.
—Ahora eres tú la que parece nerviosa.
Miré hacia la puerta y después a él, de nuevo.
—Esto no m e da buena espina, Trav. No es por la pelea, pero… hay
algo.
Este lugar me da escalofríos.
—No estarem os aquí m ucho tiem po —m e tranquilizó Travis.
La voz de Adam resonó por el m egáfono y, de repente, noté a am bos
lados de la cara un par de m anos fam iliares.
—Te am o —dij o.
Me rodeó con los brazos y m e levantó del suelo, apretándom e
contra él, m ientras m e besaba. Me dej ó en el suelo y m e enganchó el
brazo en el deTrent.
—No le quites los oj os de encim a —le dij o a su herm ano—, ni por
un segundo. Este lugar será una locura en cuanto em piece la pelea.