—Aquí estoy, llorica —dij o Trent en voz baj a. Apenas podía ver su
perfil en la oscuridad, pero su sonrisa brillaba a la luz de la luna—.
¿Qué tal estás, hermanita?
Me rodeó con un brazo, m ientras em puj aba j uguetón a Travis con
el otro.
—Estoy bien, Trent.
Travis inm ediatam ente se relaj ó y m e llevó de la m ano a la parte
trasera del edificio.
—Si aparece la poli y nos separam os, nos vem os en Morgan Hall,
¿vale? —le dij o Travis a su herm ano.
Nos detuvim os j unto a una ventana abierta a nivel del suelo, la señal
de que Adam estaba dentro y esperando.
—Me estás tom ando el pelo —dij o Trent m irando fij am ente la
ventana—.
Abby apenas cabe por ahí.
—Cabrás —lo tranquilizó Travis, antes de sum ergirse en la oscuridad
del interior.
Com o m uchas veces antes, m e agaché y m e eché hacia atrás, con la
seguridad de que Travis m ecogería.
Esperam os un m om ento y, entonces, Trent gruñó al saltar desde la
repisa y aterrizar en el suelo, perdiendo casi el equilibrio cuando golpeó
el cem ento con lospies.
—Abby, para m í eres el Trece de m is Am ores. No tragaría con esta
m ierda por nadie que no fueras tú —gruñó Trent, m ientras se lim piaba
la cam iseta.
De un salto, Travis cerró la ventana con un m ovim iento rápido.
—Por aquí —dij o él, guiándonos por la oscuridad.
Pasillo tras pasillo, no m e solté de la m ano de Travis, m ientras sentía
que Trent m e cogía de la cam iseta. Podía oír pequeños pedazos de grava
que arañaban el cem ento al arrastrar los pies por el suelo. Sentí que m is
oj os se ensanchaban al intentar aj ustarse a la oscuridad del sótano, pero
no había luz alguna que pudieranenfocar.
Trent suspiró después de que giráram os por tercera vez.
—Nunca vam os a encontrar el cam ino.
—Sígueme. Todo irá bien —dijo Travis, irritado por las quejas de
Trent.