cara de preocupación.
—Hola, Palom a.
—¿Va todo bien?
—Ahora sí —dij o, acercándom e hacia él.
—Está bien. ¿Qué ocurre? —respondí, con una cej a arqueada y el
ceño fruncido para m ostrar m i escepticism o.
—Es que tengo m uchas cosas en la cabeza —suspiró él. Cuando m e
quedé a la expectativa, continuó—: Esta sem ana, la pelea, que estésallí.
—Ya te he dicho que m e quedaría en casa.
—Necesito que estés allí, Palom a —dij o él, tirando el cigarrillo al
suelo. Estuvo observando cóm o desaparecía en una profunda pisada en
la nieve, y luegomecogiólamanoymellevóhaciaelaparcamiento.
—¿Has hablado con Trent? —pregunté. Dij o que no con la cabeza.
—Estoy esperando a que m e devuelva la llam ada.
Am erica baj ó la ventanilla y asom ó la cabeza por el Charger de
Shepley.
—¡Daos prisa! ¡Hace m uchísim o frío!
Travis sonrió y apretó el paso. Me abrió la puerta para que pudiera
entrar. Shepley y Am erica repitieron la m ism a conversación que tenían
desde que ella se había enterado de que iba a conocer a sus padres; m
ientras tanto, y o observaba a Travis m irar por la ventanilla. Cuando
nos detuvim os en el aparcamientodelapartamento,elteléfonodeTravis
sonó.
—¿Qué coj ones pasaba contigo, Trent? —respondió—. Te he llam
ado hace cuatro horas. Tam poco se puede decir precisam ente que te
estés m atando a trabaj ar. En fin, da igual. Escucha, necesito un fa-
vor. Tengo una pelea la sem ana que viene y necesito que vay as. No
sé cuándo es, pero necesito que no tardes m ás de una hora en llegar
allí a partir del m om ento en que te llam e. ¿Podrás hacer eso por m í?
¿Puedes o no, gilipollas? Porque necesito que no pierdas de vistaaPalo-
ma.Uncabrónlepusolamanoencimalaúltimavezy…,sí.—Suvoz se volvió
de un tono que daba m iedo—. Me encargué de ello. ¿Así que si te
llamo…?Gracias,Trent.
Travis apagó el teléfono y apoy ó la cabeza en el respaldo del asiento.
—¿Más tranquilo? —preguntó Shepley, m irando a Travis por el espej
o retrovisor.