—Si quieres que te abrace, solo tienes que pedírm elo —dij o él, acer-
cándom e a su pecho.
Hacíam os caso om iso de los estudiantes que pasaban y de las bolas
de nieve que volaban por encim a de nosotros, m ientras apretaba sus la-
bios contra los m íos. Mis pies se separaron del suelo y siguió besándom
e, llevándom e con facilidad por el cam pus. Cuando finalm ente m e dej
ó en el suelo delante de la puerta de m i clase, sacudió lacabeza.
—Cuando preparem os nuestros horarios para el próxim o sem estre,
sería m ás cóm odo que tuviéram os m ás clases j untos.
—Lo tendré en cuenta —dij e, dándole un últim o beso antes de diri-
girm e a m i asiento.
Levanté la m irada, y Travis m e dedicó una últim a sonrisa antes
de encam inarse a su clase en el edificio de al lado. Los estudiantes que
se hallaban a m i alrededor estaban tan habituados a nuestras desvergon-
zadas dem ostraciones de afecto com o su clase estaba acostum brada a
que él llegara unos m inutos tarde.
Me sorprendió que el tiempo pasara tan rápidamente.Hice mi último
examen del día y puse rumbo a Morgan Hall. Kara estaba sentada en su
sitio habitual en la cam a m ientras y o rebuscaba entre m is caj ones unas
cuantas cosas que necesitaba.
—¿Te vas de la ciudad? —preguntó Kara.
—No, solo necesitaba unas cuantas cosas. Voy al edificio de Ciencias
a recoger a Trav y después m e quedaré en su apartam ento toda la semana.
—Me lo im aginaba —dij o ella, sin apartar los oj os del libro.
—Que tengas buenas vacaciones, Kara.
—Mm m .
El cam pus estaba casi vacío, solo quedaban unos pocos rezagados.
Cuando doblé la esquina, vi a Travis y a fuera, acabándose un cigarrillo.
Llevaba un gorro de lana para taparse la cabeza afeitada y tenía la m ano
m etida en el bolsillo de su chaqueta de cuero m arrón oscuro desgastada.
Expulsaba el hum o por los orificios nasales, absorto en sus pensam ien-
tos y con la m irada clavada en el suelo. Hasta que estuve a unos pocos m
etros de él, no m e di cuenta de lo distraído que estaba.
—¿Qué te preocupa, cariño? —pregunté. Él no levantó la m irada.
—¿Travis?
Pestañeó cuando oy ó m i voz y una sonrisa forzada sustituy ó a la