—Nunca lo he visto pelear, ¿y tú? —preguntó Shepley, inclinándose
hacia delante.
Travis asintió.
—Solo una vez en Springfield. Es bueno.
—No lo suficiente —dij e. Travis se inclinó hacia delante y m e besó
en la frente con agradecimiento.
—Puedo quedarm e en casa, Trav.
—No —dij o él, sacudiendo la cabeza.
—No quiero que te peguen com o la últim a vez porque estés preocu-
pado por m í.
—No, Palom a.
—Te esperaré —dij e, intentando parecer m ás feliz ante la idea de lo
que m e sentía en realidad.
—Le pediré a Trent que venga. Es el único en el que confiaría para
poder concentrarm e en la pelea.
—Muchas gracias, capullo —gruñó Shepley.
—Oy e, tuviste tu oportunidad —dij o Travis, solo m edio en brom a.
Shepley ladeó la boca con disgusto. Seguía sintiéndose culpable
por la noche de Hellerton. Estuvo disculpándose a diario conm igo du-
rante sem anas, pero su culpa por fin se volvió lo suficientem ente m
anej able com o para soportarla en silencio. Am erica y y o intentam
os convencerlo de que no era culpa suy a, pero Travis siem pre le hacía
sentirresponsable.
—Shepley, no fue culpa tuy a. Me lo quitaste de encim a, ¿recuerdas?
—dij e, alargando el brazo alrededor de Am erica para darle una palm
adita en el brazo.
Me volví hacia Travis.
—¿Cuándo es la pelea?
—En algún m om ento de la sem ana que viene —dij o él, encogién-
dose de hombros—.Quieroquevayas.Necesitoquevayas.
Sonreí y apoy é la barbilla sobre su hom bro.
—Entonces, allí estaré.
Travis m e acom pañó a clase; en varias ocasiones tuvo que aga-
rrarm e con másfuerzacuandoresbalaronmispiesenelhielo.
—Deberías andar con m ás cuidado —se burló él.
—Lo estoy haciendo a propósito. Qué bobo eres.