Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 325

Cuando Shepley y Am erica regresaron con sus bandej as, habían he- cho las paces. Ella se acom odó risueña en el asiento vacío que había j unto a m í, charlando sobre el inm inente m om ento en el que conocería a sus suegros. Se iban esa m ism a tarde a su casa; la excusa perfecta para que Am erica tuviera una de sus famosas crisis. La observé picotear de su pan m ientras charlaba sobre hacer las m aletas y cuánto equipaj e podría llevar sin parecer pretenciosa, pero pa- recía aguantar bien. —Ya te lo he dicho, cariño. Les vas a encantar. Te querrán tanto com o te quiero y o —dij o Shepley, recogiéndole el pelo detrás de la orej a. Am erica respiró hondo y las com isuras de su boca se levantaron com o siem pre que él conseguíatranquilizarla. El teléfono de Travis vibró, deslizándose unos centím etros por la m esa. Lo ignoró, pues le estaba contando a Brazil la historia de nuestra prim era partida de póquer con sus herm anos. Miré la pantalla y llam é la atención de Travis con unas palm aditas en su hom bro cuando leí el nom bre. —¿Trav? Sin disculparse, le dio la espalda a Brazil y m e concedió toda su atención. —¿Sí, Palom a? —Creo que quizá te interese coger esta llam ada. Baj ó la m irada a su m óvil y suspiró. —O no. —Podría ser im portante. Frunció la boca antes de llevarse el aparato a la orej a. —¿Qué hay, Adam ? —Buscó con la m irada en la habitación, m ien- tras escuchaba, asintiendo ocasionalm ente. —Esta es m i últim a pelea, Adam . Todavía no estoy seguro. No pien- so ir sin ella y Shep se va de la ciudad. Lo sé… Ya te he oído. Hum …, de hecho, no es m alaidea. Levanté las cej as al ver que se le ilum inaban los oj os con la idea que le hubiera propuesto Adam . Cuando Travis colgó el teléfono, lo m iré con expectación. —Bastará para pagar el alquiler de los próxim os ocho m eses. Adam ha conseguido a John Savage. Está intentando hacerse profesional.