Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | страница 324

—Vam os adentro. —Buena idea —dij e asintiendo. Me llevó de la m ano por el bufé libre y am ontonó diferentes platos hum eantes en una sola bandej a. La caj era y a no ponía su prede- cible cara de perplejidad desemanasantes, acostumbradaanuestrarutina. —Hola, Abby —m e saludó Brazil antes de guiñarle un oj o a Travis—. ¿Tenéis planes para la sem ana que viene? —Nos quedam os aquí. Vendrán m is herm anos —dij o Travis distraído, m ientras organizaba nuestros alm uerzos, repartiendo los pe- queños platosde poliestireno delante de nosotros en la m esa. —¡Voy a m atar a David Lapinski! —anunció Am erica al acercarse, m ientras se lim piaba la nieve del pelo. —¡Un im pacto directo! —se rio Shepley. Am erica le lanzó una m irada de advertencia y su risa se volvió nerviosa—. Quiero decir…, ¡qué capullo! Nos reím os por la m irada de arrepentim iento que puso cuando la observó correr furiosa hacia el bufé, antes de seguirla rápidam ente. —Sí que lo ata en corto —dij o Brazil con una m irada de disgusto. —Am erica está un poco tensa —explicó Travis—. Va a conocer a los padres de Shepley esta semana. Brazil asintió, levantando las cej as. —Entonces…, van… —Sí —dij e, asintiendo a la vez que él. —Es perm anente. —¡Vay a! —dij o Brazil. La estupefacción no desapareció de su cara m ientras escogía su com ida, y pude com probar cóm o lo em bargaba la confusión. Todos éram os m uy j óvenes, yBrazilnopodíaacomodarsealcompromisodeShepley. —Cuando llegue el m om ento, Brazil, lo sabrás —dij o Travis, son- riéndom e. El local bullía de em oción, tanto por el espectáculo del exterior com o por lo rápido que se acercaban las últim as horas antes de las vacacio- nes. A m edida que se iban ocupando los asientos, la charla constante creció hasta convertirse en un eco estruendoso, cuy o volum en iba en aum ento conform e todo el m undo em pezaba a hablar por encim a delruido.