Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | 页面 319

Cuandoloempujécontramí,yano opuso resistencia. Sus m úsculos se ten- saron y aguantó el aliento m ientras se deslizaba dentro de mí. —Dilo otra vez —m e pidió. —Soy tuy a —dij e j adeando. Todos m is nervios, dentro y fuera, pedían m ás —. No quiero volver a separarm e nunca m ás de ti. —Prom étem elo —dij o él, gim iendo al volver a penetrarm e. —Te am o. Te am aré para siem pre. Las palabras fueronpocomásqueunsuspiro,perolomiréalos ojos mien- tras las decía. Vi cóm o la inseguridad desaparecía de su m irada e, inclu- so en la penumbra,cómoseleiluminabalacara. Satisfecho por fin, selló su boca contra la m ía. Travis m e despertó con besos. Sentía la cabeza pesada y aturdida por todo el alcohol que había bebido la noche anterior, pero en m i cabeza se repetía la hora anterior a quedarm e dorm ida con vívidos detalles. Sus suaves labios cubrieron cada centím etro de m i m ano, m i brazo, m i cuello, y, cuando llegó a m is labios, sonreí. —Buenos días —dij e contra su boca. No habló, sus labios siguieron actuando sobre los m íos. Me tenía envuelta en sus sólidos brazos, y entonces enterró la cara en m i cuello. —Estás silencioso esta m añana —proseguí, m ientras le acariciaba la piel desnuda de la espalda con las m anos. Dej é que siguieran baj ando hasta su trasero y le pasé la pierna por encim a de la cadera, m ientras le daba un beso en la m ej illa. Sacudió la cabeza. —Solo quiero seguir así —susurró él. Fruncí el ceño. —¿Qué m e he perdido? —No pretendía despertarte. ¿Por qué no vuelves a dorm irte? Me incliné hacia atrás contra la alm ohada y le levanté la barbilla. Tenía los oj os iny ectados en sangre y la piel de alrededor enrojecida. —¿Qué dem onios te pasa? —pregunté, alarm ada. Me cogió una m ano entre las suy as y la besó, apretando la frente contra m i cuello. —¿Puedes volver a dorm irte, Palom a? Por favor.