Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 318

se resistió cuando intenté em puj arlo dentro de m í. —Los dos estam os borrachos —dij o él, respirando con dificultad. —Por favor. Apreté las piernas contra sus caderas, desesperada por aliviar la sen- sación ardiente que notaba entre los m uslos. Travis estaba decidido a que volviéram os a estar j untos, y no tenía ninguna intención de luchar contra lo inevitable, así que estaba m ás que dispuesta a pasar la noche entre sus sábanas. —Esto no está bien —dij o él. Estaba j usto encim a de m í, apretando su frente contra la m ía. Esperaba que solo estuviera haciéndose de rogar y que, de algún m odo, pudiera convencerlo de que se equivocaba. Era inexplicable, pero pare- cía que no podíam os estar separados; en cualquier caso, y a no necesita- ba ninguna explicación. Ni siquiera una excusa. En ese m om ento, él era todo loque necesitaba. —Te quiero. —Necesito que lo digas —dij o él. Mis entrañas lo llam aban a gritos y no podía aguantarlo ni un segun- do m ás. —Diré lo que quieras. —Entonces dim e que eres m ía. Dim e que volverás a aceptarm e. No quiero hacer esto a m enos que estem os j untos. —En realidad nunca hem os estado separados, ¿no crees?—pregunté esperando que fuerasuficiente. Sacudió la cabeza m ientras sus labios se m ovían sobre los m íos. —Necesito oír cóm o lo dices. Necesito saber que eres m ía. —He sido tuy a desde el instante en que nos conocim os. Mi voz adoptó un tono de súplica. En cualquier otro m om ento, m e habría sentido avergonzada, pero había llegado a un punto en el que los rem ordim ientos y a no tenían lugar. Había luchado contra m is sentim ientos, los había guardado y los había em botellado. Había experim en- tado los m om entos m ás felices de m i vida en Eastern, y todos habían sido con Travis. Ya fuera peleándom e, am andoo llorando, si lo hacía con él, estaba donde quería estar. Levantó uno de los lados de la boca m ientras m e toca- ba la cara, y después suslabiosrozaronlosmíosen unbesotierno.