Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 317

—¡Y probablem ente m e dé una palm adita en el hom bro y m e diga que y a iba siendo hora! Se peleó con la cerradura de la puerta m ientras y o pataleaba y m ovía los brazos, intentado soltarm e. —¡Déj alo y a, Palom a, o acabarem os cay éndonos los dos por las escaleras! Después de abrir la puerta, se precipitó furioso hacia la habi- tación de Shepley. —¡Suéltam e! —grité. —¡Vale! —dij o él, tirándom e sobre la cam a de Shepley —. Duerm e la m ona. Ya hablarem os por la m añana. La habitación estaba a oscuras; la única luz era un ray o rectangular que entraba por el um bral de la puerta desde el pasillo. Luché por acla- rarm e las ideas en m edio de aquella oscuridad, la cerveza y la rabia, y cuando él se acercó a la luz, vi su sonrisapetulante. Golpeé el colchón con los puños. —¡Ya no puedes decirm e qué hacer, Travis! ¡No soy tuy a! En el segundo que tardó en volverse hacia m í, su cara se había re- torcido en una m ueca de ira. Se abalanzó sobre m í, clavando las m anos sobre la cam a y acercándose a m icara. —¡Pues y o sí que soy tuy o! —Se le hincharon las venas del cuello al gritar, pero y o le devolví la m irada, negándom e a dej arm e am edrentar. Me m iró los labios, j adeando—: Soy tuy o —susurró, m ientras su ira se desvanecía al darse cuenta de lo cerca que estábam os. Antes de poder pensar en una razón para no hacerlo, le agarré la cara y pegué m is labios a los suy os. Sin dudar, Travis m e cogió en brazos. En unas cuantas zancadas,mellevóhastasudormitorio,yambos nos desplomamos sobre la cama. Le quité la cam iseta antes de pelearm e en la oscuridad con la hebilla de su cinturón. Él la abrió de un tirón, se lo quitó y lo lanzó al suelo. Me levantó del colchón con una m ano m ientras m e baj aba la crem allera del vestido con la otra. Me lo quité por encim a de la cabeza y lo lancé a alguna parte de la oscuridad; entonces, Travis m e besó, gim iendo contra m i boca. Con unos pocos m ovim ientos rápidos, se quitó los calzoncillos y apretó su pecho contra el m ío. Le clavé las m anos en el trasero, pero él