Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 316

—¡Muchas gracias, am iga! El aire frío golpeó las zonas de m i cuerpo que llevaba al aire y pro- testé m ás fuerte. —¡Báj am e, m aldita sea! Travis abrió la puerta de un coche y m e lanzó al asiento trasero, antes de sentarse a m i lado. —Donnie, ¿eres tú el encargado de conducir esta noche? —Sí —respondió nervioso, m ientras m e observaba debatirm e por escapar. —Necesito que nos lleves a m i apartam ento. —Travis…, no creo… La voz de Travis sonaba controlada, pero am enazadora. —Hazlo, Donnie, o te clavaré el puño en la parte trasera de la cabeza, lo j uro por Dios. Donnie quitó el freno de m ano, m ientras y o m e lanzaba a por la m anilla de la puerta. —¡No pienso ir a tu apartam ento! Travis m e cogió por una de las m uñecas y luego por la otra. Me in- cliné para m orderle el brazo. Cerró los oj os y, cuando hundí los dientes en su carne, un gruñidobajoseescapódesusmandíbulasapretadas. —Haz lo que quieras, Palom a. Estoy cansado de tu m ierda. Solté su piel y sacudí los brazos, luchando por liberarm e. —¿Mi m ierda? ¡Déj am e salir de este puto coche! Se acercó m is m uñecas a la cara. —¡Te am o, m aldita sea! ¡No vas a ninguna parte hasta que estés sobria y dejemoslascosasclaras! —¡Tú eres el único que tiene que aclararse, Travis! —dij e. Finalm ente, m e soltó las m uñecas; y o m e crucé de brazos y puse m ala cara el resto del tray ecto. Cuando el coche am inoró la velocidad en una señal de stop, m e in- cliné hacia delante. —¿Puedes llevarm e a casa, Donnie? Travis m e sacó del coche agarrándom e por el brazo y volvió a echarm e sobre su hom bro para subir lasescaleras. —Buenas noches, Donnie. —¡Voy a llam ar a tu padre! —grité. Travis se rio a carcaj adas.