odio.
—Baila conm igo —m e rogó, balanceándose para no caerse. La can-
ción acabó y suspiré aliviada.
—Vete a beber otra botella de whisky, Trav.
Me di m edia vuelta y m e puse a bailar con el único chico sin parej a
de la pista debaile.
El ritm o era m ás rápido, y sonreí a m i nuevo y sorprendido com
pañero de baile, m ientras intentaba ignorar que Travis estaba solo a unos
m etros detrás m í. Otro herm ano Sig Tau em pezó a bailar detrás de m
í, cogiéndom e por las caderas. Lo cogí por detrás y lo acerqué m ás a
m í. Me recordó a cóm o bailaban Travis y Megan esa noche en el Red,
e hice lo posible por recrear la escena que tantas veces había deseado
poder olvidar. Tenía dos pares de m anos en casi todas las partes de m
i cuerpo: la cantidad de alcohol que llevaba en el cuerpo m e hacía
másfácilignorarmitimidez.
De repente, m e levantaron en el aire. Travis m e colocó sobre su hom
bro, al m ism o tiem po que em puj aba a uno de sus herm anos de herm
andad con tanta fuerza que lo tiró alsuelo.
—¡Báj am e! —dij e, golpeándole con los puños en la espalda.
—No voy a perm itirte que te pongas en evidencia a m i costa —gruñó
él, subiendo las escaleras de dos en dos.
Todo aquel j unto al que pasábam os se quedaba m irando cóm o daba
patadas y gritaba, m ientras Travis m e llevaba a cuestas.
—¿Y no te parece —dij e m ientras m e debatía— que esto nos pone
en evidencia? ¡Travis!
—¡Shepley ! ¿Está Donnie fuera? —preguntó Travis, esquivan-
do los movimientossinsentidodemisextremidades.
—Eh…, pues sí —respondió.
—¡Báj ala! —dij o Am erica, dando un paso hacia nosotros.
—¡Am erica! —dij e retorciéndom e—. ¡No te quedes ahí sin m ás!
¡Ay údam e!
Su boca se curvó hacia arriba y se rio.
—¡Estáis ridículos!
Arqueé las cej as al oír sus palabras, conm ocionada y enfadada por-
que le pareciera que aquella situación pudiera tener algo de divertida.
Travis se dirigió a lapuerta,mientrasyolafulminabaconlamirada.