Las pecas de las m ej illas de Brad se estiraron cuando sonrió y m e
señaló el cam ino hacia las escaleras.
Travis se quedó estupefacto, con una m irada que traslucía claram
ente el dolor.
—¡Un brindis! —gritó él.
Retrocedí j usto a tiem po de verlo subirse a una silla después de robar
una cerveza al sorprendido herm ano Sig Tau que estaba m ás cerca de
él. Miré a Am erica, que observaba a Travis con cara dedolor.
—¡Por los capullos! —dij o él, señalando a Brad—. ¡Y por las chicas
que te rom pen el corazón! —Me señaló con la cabeza—. ¡Y por la m ierda
de perder a tumejoramigaporsertanestúpidocomoparaenamorartedeella!
Se llevó la cerveza a la boca y apuró lo que quedaba de ella, después
la tiró al suelo. La habitación se quedó en silencio excepto por la m úsica
que sonaba en el piso inferior; todo el m undo m iraba a Travis sin enten-
der absolutam ente nada.
Mortificada, cogí a Brad de la m ano y lo llevé escaleras abaj o, a la
pista de baile. Unas cuantas parej as nos siguieron, observándom e de
cerca a la espera de ver lágrim as o alguna otra respuesta a la invectiva
de Travis. Procuré poner una cara relaj ada, negándom e a darles lo que
querían.
Dim os unos cuantos pasos de baile tensos, y Brad suspiró:
—Eso ha sido bastante… raro.
—Bienvenido a m i vida.
Travis se abrió paso entre las parej as de la pista de baile. Se detuvo a
m i lado ytardóunmomentoenrecobrarelequilibrio.
—Voy a cortar esto.
—No, desde luego que no, ¡Dios m ío! —dij e, negándom e a m irarlo.
Después de un m om ento de tensión levanté la m irada y vi a
Travis fulm inando con la mirada a Brad.
—Si no te apartas ahora m ism o de m i chica, te raj aré la puta gar-
ganta. Aquí m ism o, enla pista de baile.
Brad no sabía qué hacer, y su m irada pasaba de m í a Travis nervio-
sam ente.
—Lo siento, Abby —dij o él, apartando los brazos lentam ente de m í.
Se retiró a las escaleras y y o m e quedé de pie, humillada.
—Lo que siento ahora m ism o por ti, Travis…, se acerca m ucho al